De lengua me como un taco

Estimados lectores, esta semana estuve recordando una plática que sostuve hace algunos años con un exjefe, hoy amigo mío, en la cual expresó la frase o refrán que reza: “alegre el indio y le dan maracas”, refiriéndose a una persona demasiado comunicativa, y que laboraba en un área donde se manejaba información reservada o confidencial. Confieso que la primera vez que escuché esta frase me pareció chusca, y las veces que en alguna charla la he traído a colación, los demás inmediatamente sueltan una risa hilarante, pues entienden perfectamente que es lo que quiero decir. Por lo anterior, tuve la idea de escribir el presente artículo.

Primero que nada, quiero aclarar que una frase hecha (un cliché, refrán, un lugar común), es una expresión coloquial, con un significado determinado, que expresa una idea y un saber popular que se transfiere generacionalmente.

Primero cabe señalar que existen tres formas de frases hechas:

Los refranes. Estos suelen ser afirmativos o ejemplificadores, y contienen una moraleja en su sentido. Los refranes suelen tener su origen en fábulas y relatos breves.

Los proverbios. Estos cumplen una función similar a la de los refranes (afirmar o determinar una conclusión), pero en tono serio y empleando palabras más solemnes. Generalmente los proverbios tienen origen religioso o filosófico.

Los modismos. Emplean palabras propias de un determinado dialecto, expresiones coloquiales de una región, o hacen referencia a situaciones, costumbres o anécdotas propias de un determinado pueblo, por lo que su traslación a otros países, aunque hablen el mismo idioma, suele hacer muy difícil su interpretación sin esa información previa del acervo cultural de la zona donde nació la frase. Citaré a continuación algunas de estas frases, así como su significado y origen.

En el sureste de México y algunas partes de Latinoamérica, pero particularmente de Chiapas, se usa la frase “se da de ver” para describir algo que es evidente o no necesita mayor explicación. También se aplica para confirmar alguna manía o comportamiento recurrente, verbigracia: Aguas con Francisco, que apenas ve faldas y se lanza al ataque. “Se da de ver”.

Poner a alguien los cuernos:
Ser alguien infiel a su pareja. La interpretación de este dicho se remonta al comportamiento que tenían los antiguos señores de las comarcas o regiones de algunos países nórdicos. Al parecer, tenían un tipo de derecho de pernocta que les permitía pasar la noche con la habitante de sus dominios que les apeteciera. Cuando el gobernador entraba en la casa de la mujer elegida, se colgaban en el exterior de la puerta unos cuernos de alce para indicar que estaba dentro (algo así como “no molesten” de los hoteles). La colocación de la cornamenta no sólo no era causa de deshonor para el marido, sino que suponía un motivo de legítimo orgullo.

Creerse el ombligo del mundo:
Expresión que se utiliza, con razón o sin ella, para referirse a quien se cree el más importante, el que piensa que el mundo gira a su alrededor. En la mitología griega el ónfalo (ombligo) era una piedra sagrada situada en el templo de Apolo, en Delfos (el del célebre oráculo).  Se dice que Zeus soltó dos águilas, una hacia el este y otra hacia el oeste, para que dieran la vuelta al mundo y al final se encontraron allí. Además, la piedra estaba equidistante entre el cielo y el infierno. En resumen, dos pruebas irrefutables -mitológicamente- de que aquel ombligo era el centro del mundo.

Quien se fue a Sevilla perdió su silla: Se utiliza para responder a quien ha dejado vacante una plaza y pretende recuperarla después de su ausencia. En general, se avisa sobre la posibilidad de perder algunos privilegios si se abandona el lugar que se ocupaba. La expresión tenía una leve variación en su origen. El dicho era de esta forma: “Quien se fue de Sevilla perdió su silla”. Se atribuye este dicho a una anécdota protagonizada por Alonso de Fonseca y su sobrino. Don Alonso le dijo a su sobrino que tomara posesión del obispado de Compostela en Galicia. El muchacho lo intentó, pero como era muy joven, las continuas disputas eclesiásticas le hicieron volver junto a su tío. Don Alonso decidió tomar cartas en el asunto. Cedió su propio arzobispado en Sevilla a su sobrino y se fue a Santiago a poner orden en aquella diócesis. Resuelto el problema, fundó el Colegio de Fonseca en Santiago y otro, con el mismo nombre, en Salamanca. Pero cuando quiso volver a su puesto en Sevilla, el sobrino no quiso cederle el cargo, diciendo: “Quien se fue de Sevilla, perdió su silla. En México, el dicho modifico, “quien se fue a la Villa perdió su silla.”

Armarse la de San Quintín: Se dice de los grandes altercados, discusiones o algarabías. La causa de esta expresión tiene origen en la batalla de San Quintín (1557) cuando las tropas españolas asentadas en Flandes invadieron el norte de Francia al mando del Duque de Saboya. La carnicería fue de tal magnitud que se aplicó desde entonces el nombre de San Quintín a toda reyerta o alboroto en general.

Poner los puntos sobre las íes:
Hablar con claridad y determinación sobre un asunto. La expresión se origina en el siglo XVI, cuando se extendió entre los copistas el uso de los caracteres góticos. Era fácil que, debido a este tipo de caligrafía, se confundiera la letra u minúscula con las dos íes minúsculas ii, agrupación no extraña en latín. Hay que recordar que la i minúscula por entonces no tenía punto. Por eso, sólo en caso de que aparecieran dos íes en un texto, para evitar confusiones, se comenzó a usar la tilde encima de cada una de ellas. El uso se extendió después a la i simple. De este afán e interés por la claridad se desprende el significado del dicho.

En fin, existen un sinnúmero de ejemplos, unos más reflexivos, otros chistosos, pero todos, con un significado conocido y entendible. Yo me despido, no sin antes decirles, que árbol que crece torcido,… no pasa del corredor…? o camarón que se duerme, se ahoga?… Bueno la idea es esa.  Espero sus comentarios a mi correo electrónico claudiamor_26@yahoo.com.mx

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