El Grito, dos escenas de bienvenida y patriotismo

La primera en Edomex

La mañana de este 15 de septiembre fue diferente para los políticos poblanos.
En un foro en el que calaba el verde, el blanco y el rojo, se ponían de pie y gritaban con emoción, el sentimiento estaba a flor de piel; entre el círculo rojo se escuchaban algunos ¡¡vivaaa!!

No llevaba dedicatoria a Miguel Hidalgo.

No estaba destinado a la independencia de México.

No era un clamor de libertad.

Era la porra hacia el gobernador saliente del Estado de México, Enrique Peña Nieto, en la entrega de estafeta a Eruviel Avila, evento al cual acudió la clase política del estado 21, desde diputados hasta regidores e incluso Rafael Moreno Valle Rosas, el gobernador de Puebla.

El efecto colateral de la decisión de estos “patriotas” fue el abandono al primer capítulo del  festejo del aniversario 201 de la independencia de México en la entidad.

No acudieron al izamiento de bandera, ni a las guardias de honor al lábaro patrio; al final fueron los únicos que  hicieron eco a la campaña “que se queden solos” que algunos grupos impulsaron vía Facebook para que la gente no acudiera al festejo.

Los políticos de la tierra de los ángeles definieron sus prioridades. No importó que fuera el primer 15 de septiembre del gobierno de alternancia, el de la generación X, el de los egresados en Harvard; por la tarde tendrían tiempo para la pasarela ante el pópulus, para la alfombra roja, para el lucimiento. Los símbolos patrios no cobran venganza en las urnas ni en las encuestas de opinión…pueden esperar.

Pero no fue sólo el PRI, los diputados locales y federales panistas tampoco acudieron.

El motivo…hasta ahora desconocido, menos del 20 por ciento del total del legislativo local acudió; del federal, ni qué decir.

La segunda, en la tierra de los Ángeles

Comenzó a escribirse entonces la nueva historia.

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El escenario: un muro de guardias con escudos, cascos, toletes y armas de fuego
(Policía, policía, policía, perro, granadero, policía, policía…).

El muro de uniformados dividía en dos aldeas al pueblo para mantener el orden rumbo a la noche patria, la de los burgueses y la del resto de los comunes. Nada pasaba por ahí sin antes autorizarlo los cuerpos de seguridad.

Ya desde la mañana los poblanos comenzaron a llegar con banderas tricolor pintadas en el rostro, bigotes postizos que emulaban al del famoso Pique del 86, algunas cornetas de plástico y banderas tricolores. Los extranjeros que gustan de ver lo “curiosos” que son los mexicanos también se dieron cita, unos ojiazules, otros de ojos rasgados, de esos que recuerdan el “copelas o cuello”.

Los más madrugadores fueron los ambulantes, vendedores de todo tipo de fritangas que regaban de la fragancia de grasa quemada  a todos los transeúntes que pasaban por ahí.

Unos pocos vendedores de ropa con la imagen de Bon Esponja y de María Sabina, todas hechas en China.

Pese al clima de violencia que se respira en el país, la sociedad no renunció a su tradición y convertido en un auténtico alud llegaron por la tarde y noche al zócalo capitalino.

Finalmente llegó el momento del primer grito dado por un gobernador de alternancia en Puebla, el momento de borrar el recuerdo del tlatoani de Nativitas, ahora era el turno del New Fashion God.

Vestido de gala, con corbata plata y la compañía de su esposa Martha Erika Alonso y del ahora suspirante al senado, Javier Lozano Alarcón, llegó el jefe del ejecutivo, Rafael Moreno Valle Rosas resguardado por escoltas armados hasta los dientes.

Llegó entonces la salutación a cientos de ciudadanos que con felicidad vivían el momento de ver de cerca al señor gobernador antes de una nueva amnesia con la dosis tradicional de alcohol. Libres por unos minutos.

El protocolo tradicional comenzó, el recorrido hasta salón de cabildo en palacio municipal, la entrega de la bandera al nuevo mandamás. Moreno Valle salió al balcón del ayuntamiento acompañado sólo de su esposa, sin ediles que le quitaran reflectores o arruinaran la foto del momento icónico.

Llegaron los ¡¡¡Vivas!!! para los héroes de la independencia y para México. El jefe del ejecutivo hizo sonar tres veces la campana con una sonrisa en el rostro para después entonar el himno nacional, trompetas, aplausos y más gritos…“la commedia è finita”.
 
Aunque pocos se percataron en el evento también estuvo el edil Eduardo Rivera Pérez.

POBLANERIAS.COM

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