Día de muertos y ofrendas en Huaquechula Puebla

“De aquí huyó el águila”

 

Puebla, Puebla.- Huaquechula se localiza sobre el asentamiento prehispánico que las fuentes etnohistóricas nombran como Cuahquechollan y del que existe el códice colonial, que actualmente se exhibe en el Museo del Alfeñique. Este asentamiento fue una guarnición azteca durante el Postclásico Tardío; actualmente en las afueras de la ciudad aún existen vestigios de la fortificación prehispánica. En la plaza principal se pueden observar algunas piedras prehispánicas labradas que se encontraron en el pueblo. Otro atractivo del lugar es el convento franciscano de San Martín Huaquechula, actualmente bajo custodia del INAH, en cuya pared norte se encuentra empotrada una piedra en bajorrelieve con la representación de un guerrero en movimiento con escudo, cuatro flechas, lanza y penacho. 
 
El calendario religioso de la comunidad es variado e incluye la fiesta del tres de mayo, día de la Santa Cruz, la semana Santa y Días de Muertos; esta última es la celebración tradicional de mayor atracción turística, ya que los pobladores elaboran los famosos altares de muertos, que son muy vistosos, además existe un sincretismo de elementos prehispánicos y católicos que se expresan de forma muy particular durante esta fiesta.
 

Huaquechula, la muerte prehispánica

 
La información sobre los rituales mortuorios se encuentra en los entierros mesoamericanos descubiertos y estudiados por los arqueólogos y antropólogos físicos; quienes a través de los restos materiales y óseos han obtenido información sobre las diferentes formas de enterramiento, los elementos con que los individuos eran acompañados y la concepción de la muerte. La primera descripción amplia de los mismos los encontramos en los escritos de los cronistas, frailes y soldados, que llegaron a la Nueva España y relataron los hechos por ellos vistos u oídos.
 
Las fuentes etnohistóricas documentan la existencia de una celebración prehispánica para los muertos llamada el Micailhuitontli, así como fechas especiales en las que se celebraban aquellos que habían perecido ahogados en el agua, los guerreros muertos en batalla y las mujeres fallecidas en el proceso de parto. Los individuos que habían muerto ahogados o a consecuencia de enfermedades relativas al agua arribaban al Tlalocan, el paraíso de Tláloc, el dios de la lluvia. La representación del Tlalocan, de acuerdo a algunas interpretaciones, se encuentra en el mural de Tepantitla en Teotihuacan, lugar de deleite a donde llegaban los individuos no por sus méritos, sino por la forma que murieron.
 
Los documentos también hacen referencia a las ofrendas que eran preparadas para los muertos y que consistían en ofrecerles comida y otros elementos que los acompañaban en su trayecto a su nueva etapa de existencia después de la muerte. La concepción prehispánica de los naturales de la Nueva España sobre la muerte fue reconceptualizada bajo el esquema del catolicismo a través de siglos de evangelización, proceso que permitió la continuidad de elementos ideológicos prehispánicos y católicos.
 

Muerte, homenaje y rito actuales

 
Los preparativos para la celebración inician desde el instante del deceso de un miembro de la familia; a partir de ese momento deberán pensar en adquirir por compra o préstamo los diferentes objetos para el altar; así como decidir quién será el compositor de la ofrenda y su equipo de ayudantes. Las conmemoraciones de los difuntos se llevan a cabo en el siguiente calendario:
 
El 28 de octubre se espera y recibe a las ánimas de quienes murieron de forma violenta o por accidente. El día 31 de octubre se realiza un tianguis en el que se expenden fundamentalmente los objetos consumidos o utilizados en los altares y ofrendas dedicados a los muertos. Al mediodía del 31 se espera y recibe a las ánimas de los difuntos que dejaron esta vida siendo niños. El 1° de noviembre se recibe a los adultos que fallecieron de muerte natural. Finalmente el 2 de noviembre las familias del pueblo visitan por la mañana el panteón para limpiar y adornar con flores, ceras e incienso, el sepulcro de los parientes. Durante la semana siguiente se recibe  la visita de amigos y familiares que no asistieron a las casas con ofrenda nueva, hasta cumplir los ocho días o la octava, período después del cual puede ser levantada la ofrenda nueva. Existen dos tipos de altares y ofrendas; ofrenda nueva y ofrenda vieja.
 

El altar y ofrenda nueva

 
Se hace en honor de las personas que murieron en el transcurso del año en el que se pone el altar y la ofrenda, es decir entre el 1° de noviembre y el 27 de octubre del año en curso. Este tipo de ofrenda es colocada en un altar de aproximadamente tres o cuatro metros de altura y tres de ancho. Su elaboración y arreglo implican grandes gastos para las familias, la movilización de sus parientes, deudos y amigos más cercanos.
 
El altar tiene grandes dimensiones y predomina la construcción en tres pisos. Algunos de los constructores aseguran que el significado del primer piso es la vida en la tierra, por lo tanto en este nivel es donde se coloca la ofrenda y todo lo que fue del agrado del difunto: comidas y bebidas de su predilección, música, aficiones, costumbres del fallecido, objetivos personales de su preferencia. El segundo piso representa la unión de lo terrenal con lo divino; y el tercero lo divino, en éste nivel se ubica la imagen religiosa o un crucifijo, generalmente también una copa con vino de consagrar y sobre éste la hostia. Todos los altares son de satín blanco y sobre las orillas está adornado usualmente con papel dorado. Los altares cuenta con pequeñas esculturas de ángeles, algunos de ellos llorando en señal del duelo de los familiares, también es colocado en el primer nivel la fotografía del difunto mirando a un espejo para dar profundidad al altar.
 

Altar y ofrenda vieja

 
Se dedica a las personas que murieron años atrás pero aún se les espera con las cosas que en vida les gustaron. En general es más pequeño que las ofrendas nuevas y contiene objetos en menor cantidad. En este caso la ofrenda se coloca en una mesa mediana y es destinada a una o más personas.
 
El altar es la estructura que se arma generalmente por medio de tablones y cajones de madera en diferentes formas y estilos de acuerdo a las posibilidades económicas de la familia y del compositor de la ofrenda. La ofrenda es el conjunto de elementos que se le ofrecen al ánima y que en vida fueron de su agrado tales como pan, hojaldras, chocolate, mole, tamales, y frutas y dulces de la temporada; incluso música u otro de sus gustos como cigarros o licor.
 

El 2 de noviembre, día de muertos en Huaquechula

 
Las familias con ofrenda nueva preparan todo para recibir al ánima a las 14:00 horas, cuando tocan las campanas de la iglesia en señal de que es el momento de salir a recibir a los difuntos. Los familiares salen de la casa y forman un camino de pétalos de flor de cempasúchil, rociado con agua bendita, aromatizando éste usando un sahumerio con copal y dirigido hacia la localización del cementerio. A los niños en cambio se les espera con flores blancas.
 
Después de la llegada del ánima se procede a recibir a los visitantes que llegan a la casa, los amigos y familiares que tienen una relación estrecha con el difunto entregan una cera sencilla, labrada o adornada con un ramo de flores de tela. A cambio se les invita a pasar a comer un poco de mole con arroz, tortillas y agua de sabor o refresco; mientras que si se les visita por la tarde y noche ofrecen chocolate y pan.
 
La conmemoración de los habitantes fallecidos de Huaquechula en ocasión de los Días de Muertos, es la expresión del deseo e intención de propiciar su regreso, de ir a su encuentro y celebrar dignamente su llegada. La presencia del ánima se materializa en rituales que los acercan y unen con los vivientes; siendo esta la consecuencia de mayor trascendencia del despliegue de recursos y energía realizado en los Días de Muertos.
 

Alimento para el espíritu y el turismo

 
La tradición de conmemorar a los muertos en Huaquechula es parte de una práctica religiosa que se observa en general en las sociedades rurales mexicanas, una religión social de raíces prehispánicas de base agraria que tienen como ejes los ciclos vitales del ser humano y de la naturaleza. La conquista impactó la expresión formal al introducir ciertos ritos y nombres de las fiestas e imágenes, pero no su contenido fundamental, que hoy en lo esencial continúa, pese a los cambios que se introducen por influencia de la sociedad industrial y el turismo.
 
El turismo se siente atraído por la creatividad de la composición de los altares y ofrendas nuevos, pero la posibilidad de observar la celebración de Días de Muertos debe tener las siguientes consideraciones para no perturbar su realización:
 
En primer lugar es importante no interrumpir a las familias que trabajan en la preparación de la ofrenda nueva antes de su apertura a las 14:00 horas. Así que es recomendable pedir permiso para observar las ofrendas después de que se ha recibido al ánima se ha llevado a efecto la salutación de los parientes y amigos, a quienes les corresponde llevar la cera y aceptar la invitación a comer. Los turistas son actores externos que no necesariamente deben participar en la celebración, quedando a su buen juicio la decisión de participar en ella con mesura y respeto entendiendo la carga económica que significa el invitar a comer a cientos de visitantes.
 
Es necesario recordar que asistimos a una celebración tradicional y no a un espectáculo turístico, esto implica que debemos entender el proceso de duelo que experimentan las familias. El respeto que tengamos a las tradiciones permitirá que la celebración persista.

Desde la ciudad de Puebla se llega a través de una carretera de cuota de cuatro carriles denominada “Vía Atlixcayotl” o por la carretera federal; de ahí se continúa por la libre a Izúcar de Matamoros y posteriormente se toma el camino pavimentado hacia Cacalosúchil que conduce a esta comunidad.

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