Zócalo poblano, la vida eterna

La muerte convoca a vivir

La muerte llama a la convivencia, al encuentro. La Catrina convoca al disfrute y regocijo. Nuestros muertos citan al recuerdo y homenaje. El Zócalo de Puebla emplaza al punto de reunión, al alimento de la identidad, al espacio del encuentro.

\"\"Dos de noviembre, Puebla y los poblanos se vuelcan en la plaza principal y de ahí parten a la visita de las diferentes ofrendas, la Casa de Cultura abarrotada, las familias a la espera de que una fila de más mil personas avance para entrar al patio de la exposición que artesanos y artistas presentan para homenaje de la muerte y recuerdo de los muertos; cuadra y media y dos horas para llegar al objetivo. Cámara en mano el lento recorrido, apurado por los guardias, imágenes que guardarán para más allá del día de muertos.

Calles cerradas a la circulación de vehículos, conductores que mientan madre cuando barreras dan prioridad al peatón e impiden el paso de sus autos y que cuando logran estacionarlos y se convierten en transeúntes, dan gracias a la autoridad que les facilita su caminar. Calles atestadas de familias completas.

El Zócalo de la Puebla, que ha vivido, se ha recreado y construido con las diferentes visitas y presencias de poblanos, paseantes, turistas nacionales y extranjeros, ahora se nutre con un buen pretexto: la Muerte.

El Zócalo invita a disfrutar


Zócalo, plaza principal
, en diferentes momentos de su historia asiento de corridas de toros; de exposiciones artísticas; de sede de jagüeyes para el consumo de humanos y animales; centro comercial de vestido, recaudo, bisutería, telas; de conciertos; de centro de castigo para indios remisos y recurrentes en la violación a reglamentos; de acontecimientos políticos. Ahora lugar y sitio de encuentro, reunión y esparcimiento con pretexto del asueto que nos han heredado nuestros muertos.

\"\"Y ahí, en el Zócalo, ahora, la protesta por el desaparecido; la calavera, a imagen y semejanza de la propuesta por José Guadalupe Posada, de 225 metros cuadrados, calavera garbancera pues, escalera necesaria para admirarla; la exposición al aire libre de esculturas alusivas; de lotería infantil con relato de cuentos a los infantes; payasos, tres grupos al menos, que en plena 16 de Septiembre y en la 3 Oriente, en escuadra que limita al Zócalo, provocan la alegría de una concurrencia que interactúa con los bufones de la Angelópolis; familias posando para la imagen del recuerdo con las esculturas mexicanas de la muerte exhibidas y disfrazados al estilo del Haloween gringo, consecuencia del sincretismo cultural promovido por la estructura comercial; difícil la circulación, fácil la convivencia; torpe el movimiento, ligero el disfrute.

Lo dicho, el Zócalo de Puebla se recrea, se alimenta, se reconstruye, cada día, cada fecha, cada acontecimiento; es eterno, es la referencia obligada de la Angelópolis. Es el punto de encuentro que fortalece la poblanidad.

Los Portales emplazan a revivir

Celosos guardianes que rodean a la plancha de granito y piedra poblanas, pintan su raya con el Zócalo, poniendo de por medio a  la Reforma, 16 de Septiembre y 2 Sur; no se juntan con la Plaza, solo vigilan, observan; le roban gente al Zócalo. Colabora el patio de la sede del ayuntamiento de Puebla con su monumental ofrenda, digna de ser admirada.

Agustín de Iturbide, Miguel Hidalgo y José María Morelos heredaron sus nombres al conjunto de arcos alineados que en algún momento fueron sede de las imprentas y la primera catedral de Puebla, el primero; el comercio, mercado, ventas, comida, poderes, el segundo y; flores, transportes, alimento de animales y reliquias religiosas el tercero.

Ahora, para Puebla y los poblanos son simplemente los Portales, pocos recuerdan sus nombres. Pero también se nutren y se recrean. Viven. Ahora atrayendo a la gente a la visita de comercios y sobre todo al alimento, que lo mismo ofrecen, los Portales, mariscos, pizzas, comida mexicana, española, poblana, italiana, comida rápida, cafeterías, tortas, tacos y más. Para todos los gustos y para diferentes poderes adquisitivos.

Pero sobre todo, tránsito, circulación y paseo de personajes que muestran la riqueza de una cultura, la poblana, influida y erigida con inmigraciones humanas de todas latitudes y que representan la intervención cultural. Émulos de Rambo, de la Mujer Maravilla, Drácula, los Monsters. Cualquier disfraz es bueno para homenajear a los muertos mexicanos.

El cuerpo transmite, comunica, la masa humana habla, tiene mil maneras de comunicarse. El turismo extranjero, el visitante de otras latitudes se ausentó. O se ocultó. Zócalo y Portales, el Centro Histórico de Puebla, fueron, el dos de noviembre, solo para Puebla y los poblanos.

Y seguirán eternos.

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