El problema es que no hay crecimiento

Los expertos y los políticos culpan de la crisis del euro a los países derrochadores que violaron las normas de presupuesto, diseñadas como el pilar de la moneda única. Si España, Italia y Grecia pudieran reducir sus abismales déficits presupuestarios y el detener el incremento de su gigantesca deuda, la prosperidad volvería a la zona euro. Por lo tanto, todas las soluciones se tratan de una "integración fiscal", imponiendo nuevas regulaciones que darían a la Unión Europea una amplia autoridad para imponer límites de gasto y endeudamiento en los Estados miembros; con sanciones tan estrictas que ningún miembro de la zona euro podría desviar el camino.

El problema real es el crecimiento: Las naciones débiles de la zona euro apenas podrán crecer si se mantienen atadas al euro. Como resultado, Italia o Grecia no pueden generar los ingresos fiscales necesarios para reducir esos déficits, o reducir su carga de deuda, ni pueden generar las exportaciones necesarias para crear nuevos empleos. En otras palabras, las cargas fiscales que una nación \’de crecimiento\’ como Estados Unidos puede manejar resultan insoportables para los países que no pueden crecer.

¿Por qué no pueden crecer los débiles de Europa? La razón es básica: Sus economías no serán competitivas en los mercados mundiales mientras estén estancadas con una moneda muy sobrevalorada que ellos y sus poderosos vecinos del norte parecen decididos a preservar. La forma más fácil de entender por qué el euro no está funcionando es preguntar qué pasaría si las naciones en crisis restauraran sus propias monedas, para que su valor fuera establecido por el mercado, en lugar de ser impuesto sobre ellas.

Lo que está golpeando a los débiles es un número torcido pero crucial llamado \’costos laborales unitarios\’. Se refiere a los costos laborales de fabricar un auto o una PC (la mano de obra por lo general representa el 70% del gasto total). Digamos que se necesitan tres trabajadores por hora para hacer un producto en España, y dos trabajadores pueden hacer el mismo trabajo en Alemania, lo que significa que la economía alemana es mucho más productiva. Sin embargo, los trabajadores españoles ganan el 90% de los salarios alemanes. El producto español va a costar por lo menos 25% más que el modelo alemán.

Aun así, España puede vender sus artefactos en el extranjero, pero sólo si su moneda disminuye en comparación con el dinero alemán hasta el punto en que sus sueldos sean más bajos que los sueldos alemanes. Ese proceso de ajuste estaba sucediendo constantemente en los días anteriores al euro. Ahora no puede suceder. 

La alternativa es la de restaurar su propia moneda, incumplir el pago de una gran parte de su deuda, y luego crecer mucho más rápido. El euro ha fracasado. La mejor opción para todos los miembros de la eurozona es desregular radicalmente sus mercados, y también disfrutar de la flexibilidad de sus propias monedas. A menos que hagan lo primero, nunca se convertirán en economías dinámicas. Pero si hacen esto último, por lo menos podrán crecer de nuevo. 

Si la zona euro se mantiene unida, la crisis no va a terminar. Se prolongará mucho más, sobrecargando a la economía mundial con años de incertidumbre. Puede ser mejor elegir el dolor ahora. Enfrentados al miserable futuro de estancamiento, incapaces de exportar y crecer, los débiles pueden llegar a considerar la solución que ahora señalan como algo impensable, una salida de una unión que hace sólo tres años parecía su salvación.

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