Doctor No y Radio BUAP

Si fuera precandidato del PRI a la Presidencia (que afortunadamente no soy, ni seré  nunca) y, en la FIL de Guadalajara me preguntaran por los libros que han marcado mi vida, creo que no dudaría ni un segundo en mencionar “Dr. No”, de Ian Fleming. Sí, un libro de espionaje, pero con un contenido inigualable. En un pasaje del mismo, que casi podría citar de memoria, James Bond se encuentra en la guarida del doctor No, ubicada al interior de una isla, en medio del mar. 

El agente de Su Majestad es llevado a un cuarto enorme que, mediante enormes ventanales, “da al mar” como un enorme acuario. Aparece entonces el “malo”, doctor No, y le da una lección de vida. “Todo esto lo logré porque quise. Porque lo quise de verdad y con fuerza. Poco a poco, lo fui logrando”. 

Este libro impactó mi juventud e influyó en muchas de las cosas que hice y logré, incluso aquellas que quise y que no pude lograr.

Este breviario cultural viene a colación con la ampliación de frecuencias de Radio BUAP en Chignahuapan y Tehuacán. Mi paso por Radio BUAP fue, sin lugar a dudas, una de las experiencias más satisfactorias de mi vida profesional. Cuando supe que estaba por abrirse la estación, no descansé hasta lograr integrarme a su equipo de trabajo.

Conocí a Josefina King, para entonces asesora del rector Enrique Doger (de triste memoria) en la puesta en marcha de la emisora. Antes, me había reunido, varias veces con quién creía era mi amigo Eduardo Garzón (cada una de sus atenciones amistosas iba ligada a un mensaje negativo acerca de mi persona). Conocí a varios “directores” y/o “futuros directores” de la estación. En particular, tengo un muy grato recuerdo de don Baraquiel Alatriste, que conocí en las instalaciones de su periódico “Momento”. 

Los dirigentes de la radiodifusora tuvieron la amabilidad de invitarme a la inauguración de sus instalaciones. Eso sí, no me dieron chamba.

Finalmente, un día (creo que ya estaba por tirar la toalla, pese a las enseñanzas del doctor No), recibí  una llamada, citándome a una entrevista con el director (ora sí) de Radio BUAP. Entonces, me bañé, me peiné y me perfumé, para conocer a quién sería mi nuevo patrón (bueno, eso pensaba y quería yo). Claro está, estuve como idiota durante cuarenta minutos en la plaza de la Democracia, haciendo tiempo porque faltaba mucho para mi cita dentro del edificio Carolino.

Para hacer el cuento corto, conocí a mi ahora entrañable amigo Luis Enrique Sánchez Fernández que me ofreció chamba, con un salario miserable, pero chamba al fin. A partir de entonces, produje los noticiarios que estuvo conduciendo admirablemente y que llevaron a la emisora a los más altos índices de audiencia, y eso que transmitíamos creo que en el zócalo y sus alrededores.

Poco a poco, nos ampliaron la potencia. Hicimos programas de excelente calidad y magnífica aceptación. Para darle voz a toda la comunidad universitaria, empezamos a hacer transmisiones remotas desde las diversas facultades (en estricto orden alfabético, para no ofender a nadie). Así, fuimos a Administración, a Artes y a Arquitectura cuando nos cancelaron el proyecto (sí se había ofendido alguien).

Vivimos el sismo (una piedra cayó exactamente encima del teclado de mi computadora) y tuvimos que exiilarnos a un edificio cercano. Un buen día, el mismo señor que se había ofendido porque recorríamos las escuelas e invitábamos a los precandidatos al gobierno de Puebla, decidió corrernos, considerando que la mediocridad era un terreno mucho más tranquilo. ¡Lástima! Esas son cosas de la soberbia…

Ahora, Radio BUAP crece… Gracias Doctor No.

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