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“No sé, qué tienen tus ojos, no sé qué tiene tu boca, que dominan mis antojos y a mi sangre vuelve loca”… era la canción que ambientaba el interior de la cantina La Terminal, una de las más antiguas de Puebla.

Ubicada en la 4 sur #708, la cantina posee una tradicional puerta de madera que, al estilo viejo oeste, custodia la entrada del lugar; el umbral entre la modernidad y la melancolía del pasado que se resiste a desaparecer.

En este lugar, a cuatro calles del Zócalo de Puebla se sirven tragos, se cuentan historias y se vive un ambiente especial.



 

Hasta hace pocos años era un lugar para adultos, una cantina tradicional, punto de reunión después del trabajo, un espacio para relajarse con una clientela muy enfocada; sin embargo, ahora también asisten jóvenes que disfrutan de las bebidas que prepara Fernando, el cantinero y amigo de casi todos los asistentes del lugar.

Propiedad de “doña Tina”, la cantina recibe su nombre porque antes, sobre la 11 oriente, donde ahora se encuentran los cines del bulevar, estaba un encierro de autobuses que en ese entonces hacían su última parada, justo frente a la cantina. La familia poseía una cocina donde pasaban a comer los choferes; posteriormente, junto con su esposo, doña Tina decidió iniciar la cantina en 1963, así los conductores de autobuses podían comer y saciar su sed.

En esta cantina, atendida por doña Tina (llamada “la mera jefa”) la especialidad es la sangría o un vampiro, bebida preparada por Fernando, el cantinero.

 


En esta cantina, atendida por doña Tina (llamada “la mera jefa”) la especialidad es la sangría o un vampiro, bebida preparada por Fernando, el cantinero. Foto: Leo Herrera/Poblanerías.com

Pero si lo que aqueja es una cruda, de esas que no dejan merodear felizmente por las calles del Centro Histórico, es preciso probar La Piedra, otra de las bebidas típicas de este lugar.

Cada pared cuenta una historia, un muro con fotos de los clientes que han fallecido.

Cada pared cuenta una historia, un muro con fotos de los clientes que han fallecido, acompañados por personajes como el Che Guevara, algunos adornos y recuerdos de antaño, muñecos, amuletos e incluso radios de transistores.

Con precios accesibles, este lugar conserva su clientela de antaño, es posible convivir con estudiantes universitarios y a la par con personas de edad avanzada. Como en cualquier cantina tradicional ofrecen los juegos de cartas, domino o cubilete. Al calor de los tragos y el buen ambiente puede terminar hermanando con cualquier desconocido.

Toques y música de boleros son otra de las tradiciones de las cantinas poblanas que no puede faltar en La Terminal, se puede disfrutar de buenas canciones mientras se bebe una cerveza y cantar a gusto con toda comunidad, incluso se puede pedir comida de establecimientos cercanos como tacos árabes, hot dogs y más.

Existe una leyenda que cuenta que un tlacuache descubrió el pulque y se lo mostró a los hombres. Foto: Leo Herrera/ Poblanerías.com

En todas las culturas las bebidas embriagantes han ocupado un lugar muy especial, en la Cholula prehispánica el pulque se bebía ritualmente por los sacerdotes. Existe una leyenda que cuenta que un tlacuache descubrió el pulque y se lo mostró a los hombres. En la cultura romana era Baco el Dios de vino y cuyas bacanales eran las fiestas para honrarlo.

Según explica Friedrich Nietzsche, para los griegos Dionisio era un extranjero que trajo no solo las bebidas embriagantes, sino los placeres del cuerpo reprimidos en la era pos aristotélica, la época apolínea que trascendió históricamente.

 

 


POB/LFJ/JCSD