OPINIÓN: La cuna de la misoginia

Caso especial es el que ocurre en la “Cuna de la Misoginia” ubicada en uno de los principales municipios que forman parte del llamado triángulo rojo, hablamos de Tecamachalco.

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Alquimia de poder

Ahora que abundan las improvisadas campañas publicitarias para evitar la violencia de género, también valdría la pena ir a fondo en toda la violencia política que cientos de mujeres enfrentan en el desempeño de sus funciones. Casos deplorables como el de las diputadas priistas que insultaron a su compañero de Morena, reflejan la falta real de una concientización sobre esa violencia que no respeta género.

En Puebla son varias las mujeres que en el ejercicio de la política han padecido férreos ataques. Están los casos de la hoy embajadora Blanca Alcalá o de la perredista Roxana Luna Porquillo y recientemente el de la activista y aspirante a la presidencia municipal de Puebla por Morena, Paola Migoya.

Caso especial es el que ocurre en la “Cuna de la Misoginia” ubicada en uno de los principales municipios que forman parte del llamado triángulo rojo, hablamos de Tecamachalco.

Las denuncias que en reiterados momentos han presentado las regidoras de ese municipio en contra de las agresiones e insultos por parte del edil Inés Saturnino, dejan al descubierto esa palpable vulnerabilidad en la que muchas mujeres se mantienen en sus cargos públicos.

La más reciente embestida la sufrió hace unos días la regidora de Desarrollo Social, Ruth Rodríguez Huerta quien de nueva cuenta fue blanco de los ataques gestados desde la presidencia municipal donde se arman todo tipo de campañas oscuras cuando se trata de involucrarse en la privacidad o situaciones personales de funcionarios municipales.

Indigna que personajes como Inés Saturnino sigan actuando al amparo de una impunidad que sólo ha provocado leves llamadas de atención, pero ninguna sanción que refleje la contundente respuesta ante las denuncias en su contra.

Es preocupante que Puebla hoy encabece varios referentes y no precisamente por inversión, empleos o seguridad.

De manera lamentable, la entidad hoy aparece entre los indicadores más lamentables como feminicidios, hostigamiento laboral y político.

Sin duda, las llamadas cuotas de género en el próximo proceso electoral encenderán la alerta para medir esa verdadera equidad que tanto presumen algunos institutos políticos, pero que, a la hora de llevarla a la práctica, salen debiendo a todas aquellas mujeres que, desde la gran diversidad del ejercicio del poder, siguen luchando contra la sombra de uno o varios hombres que se niegan a soltar los hilos de la manipulación.

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@rubysoriano

 


POB/JCSD