OPINIÓN: Agua de Puebla, la crisis o el abuso

Agua de Puebla raciona el agua con el fin de presionar al usuario para que cumpla con los pagos, sin mejoras en el servicio ni en la red de abastecimiento.

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El Coloquio de los Perros

El agua en Puebla se ha convertido en un negocio; se toman por tanto medidas que responden a convertirla en mercancía para generar ganancias. Cuando el gobernador Rafael Moreno Valle decidió, con el contubernio de la LVIII Legislatura del H. Congreso del Estado, en el 2013, empezaron las calamidades para el usuario común y corriente.

Trámites burocráticos, escasez del agua, precios elevados y un manejo discrecional en el servicio con el fin de conseguir más dinero.

Es cierto, el estiaje empieza en diciembre y termina en mayo, aproximadamente; es la época en la que el agua empieza a escasear. El mes de mayor sufrimiento es en abril. Los niveles del agua descienden a su menor capacidad. Usos y costumbres en Puebla obligaban a que de junio a noviembre el agua surtía las cisternas particulares tres veces a la semana; de diciembre a marzo en dos ocasiones y abril y mayo en una ocasión.

Ahora, en el mejor ánimo del negocio, Agua de Puebla distribuye el agua una vez por semana y solo durante dos horas. La pretensión es acumular mayor cantidad de dinero. Es un negocio. El servicio a la comunidad importa poco. Racionar el agua para obligar al pago.

La concesión otorgada obligaba a la empresa a mejorar la red de distribución y el servicio. No lo han hecho.

Ahora, limitan, administran el servicio con el fin de generar mayores ganancias. Es un juego perverso.

En su página digital, en el “Quiénes somos” (www.aguapuebla.mx/) señalan que su objetivo es “Contribuir a través de nuestros servicios con la mejora de calidad de vida.”

No es cierto.

En el colmo, la iniciativa que Héctor Durán Rosas, el director de Agua de Puebla, ha enviado a la SEP: Cobrar 100 pesos anuales por cada alumno de educación básica de las escuelas públicas. Son cerca de 350 mil estudiantes que arrojarían a sus arcas cerca de 35 millones de pesos al año. Y todo para que los niños “puedan ir al baño y lavarse las manos”. Así lo dijo.

@luisenriquesf

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POB/LFJ