Declara el cardenal Norberto Rivera Carrera (El Universal, 4 de agosto del 2010) que “el gobierno no informa lo que logra en la lucha contra el crimen y la gente al no conocer lo que hace, piensa entonces que en lugar de ir progresando se va retrocediendo y se siembra la desesperanza”.
Más allá de considerar la fragilidad lógica de las palabras del clérigo que no explica cómo llegó a esa conclusión, si por medio de un survey o a través de la sistematización temática de las revelaciones de su grey en el confesionario, no deja de ser curioso que el alto funcionario de la iglesia católica se atribuya a sí mismo la representación de la feligresía de su corporación.
Supongo que lo hace convencido de su infalibilidad proveniente de las omniscientes alturas celestiales.
Supongo, también, que el saberse poseedor de la ciencia infusa le hace pensar que debe opinar sobre asuntos de política nacional para iluminar a las autoridades de la república, que por cierto no es la ciudad de dios.
Este tipo de declaraciones públicas a un diario nacional además de un abuso retórico, es una extra limitación de atribuciones que sólo es posible por el fenómeno que el Dr. Joel Paredes Olguín (Síntesis, 3 de agosto, 2010) denomina Des-ciudadanización de la política y despolitización de la ciudadanía. Es decir: la política en manos de deplorables profesionales y los ciudadanos comunes alejados, por hastío, de las actividades políticas.
Esto es: los atributos políticos de la condición ciudadana le han sido expropiados a los habitantes de México mayores de 18 años por una elite de políticos profesionales entre los que se encuentran los llamados líderes religiosos.
En este cuadro explicativo debemos colocar las palabras de Rivera Carrera, un señor que viste faldas y que usurpa la voluntad y el espíritu crítico de millones de católicos de México que por decepción y fastidio se han alejado de la opera bufa de la vida pública mexicana.
Ya lo escribió Auden: “La condición de la humanidad es, y ha sido siempre, miserable y depravada...” ¿Frente a esta disyuntiva diabólica: debemos elegir o un tercero providencial nos asignará cualidad vital correspondiente? El cardenal, tal vez.
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Por esto hay poblanos para quienes el emblema de la Poblanidad es la China Poblana; otros que optan por Martín Garatuza; y unos más que pensamos que la quintaesencia de Puebla es el poeta Manuel M. Flores. El hombre desgraciado que murió a los 45 años: hidropésico, sifilítico, ciego y miserable en la Ciudad de México.
Arrebatado y destruido por tormentas políticas y amorosas el poblano nacido en san Andrés Chalchicomula, fue sepultado casi en secreto en el Panteón de Dolores y años después, exhumados sus restos, arrojado a la fosa común. Veintisiete años antes de su muerte paradigmática –como su vida lo es del Romanticismo: congruencia radical de la vida y la obra- trazó Ignacio M. Altamirano, en el prólogo de las Pasionarias (Secretaría de Cultura. Puebla. 2001), el siguiente retrato del poeta adolescente:
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Siempre sucede que la ocurrencia de los tiempos históricos no coincide con la cronología, aunque si –a veces- con la aritmética.
Así, sabemos ahora que el siglo XX mexicano inició el 18 de noviembre de 1910, precisamente en Puebla, con la batalla de la calle de Santa Clara, y terminó el 4 de julio del 2010 con las recientes elecciones generales.
El siglo XX poblano fue, sin embargo, casi exacto aritméticamente, apenas le faltaron 4 meses.
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Es de suponerse que aquel documento fue enviado a las autoridades de esta localidad. También podemos suponer que la persona que lo recibió era residente de estas tierras circundadas de volcanes y que además cumplió con su obligación de hacer pública aquella disposición real.
Es decir, hoy, cuatrocientos setenta y dos años después, la entrega de la copia de la real cédula es un acto simbólico que recrea aquel momento crucial de nuestra microhistoria confiriendo, al que la recibe, el altísimo honor de ser –vicariamente- el primer ciudadano de la ciudad que asume su novísimo escudo de armas con el que enfrentará el curso de los siglos y de las eventualidades humanas.
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El linchamiento mediático de cierto profesional de la política que promueve cierto grupo de peritos de la vida partidista y la cosa pública es potencialmente un riesgo cultural para toda la sociedad. A nadie beneficia la exhibición de la intolerancia, el denuesto y la injuria en contra de un ciudadano –oportunista u oportuno, ese es otro asunto- que en ejercicio de sus derechos políticos –con razón o sin ella, este es otro debate- expresa sus opiniones. Finalmente –y este si debiera ser punto de discusión- este político que hoy es denostado y convertido en enemigo de “El Partido” fue una creación de la jerarquía política del sexenio pasado.
Esta innecesaria promoción de amenazadoras unanimidades es una siniestra lección de exaltación sectaria. No debemos olvidar que la violencia lingüística –escrita y oral- abona la tierra para la indeseable violencia física y, además, propicia el enfrentamiento de ciudadanos. Por el bien de la convivencia social no debemos aceptar esa degradación del debate político. La praxis política debe ser un ejercicio del pensamiento ilustrado no un certamen de escarnios de uno y otros. No debemos aceptar la naturalización del chisme y la bajeza como técnicas de discusión política. Porque la calidad del diálogo ciudadano que establezcan hoy los protagonistas de la clase política determinará la legitimidad de nuestra vida democrática y el perfil de los futuros gobiernos que próximamente constituiremos con nuestro voto.
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Eso somos la mayoría de los ciudadanos comunes y corrientes.
Los que no pertenecemos a las elites políticas, ni económicas, sólo miramos el desarrollo de la obra en las páginas de los diarios, en las líneas de sus columnas y –este es caso- en las fotografías de sus reporteros gráficos.
El pasado sábado 23 apareció en la primera página de El Sol de Puebla, completando la nota de Belem Cancino sobre la celebración del cumpleaños de Javier López Zavala, una extraordinaria fotografía sin indicación de autoría.
En primer plano y de píe, aparecen el gobernador Mario Marín Torres –pantalón gris, camisa azul y Mont Blanc Skywalker en la bolsita- que mira sonriente hacia su derecha algo que con la mano izquierda –reloj Philippe Patek de platino en la muñeca- le señala Javier López Zavala, el emocionado hombre del cumpleaños que está enfundado en una camisa blanca.
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E por esto dezía Ovidio en el primero libro de metamorfoseos cómo todas las cosas animadas e movibles por luengo guardan la tierra e tengan la su cara girada a ella. La natura ha dado al hombre la cabeça alta por que mejor pueda guardar los cielos, e quasi le manda que muchas vezes gire e lieve la su cara al cielo e a las estrellas, por que parece que el ombre no deve poner todo su pensamiento en las cosas terrenales, mas en entender las celestiales.
Consolatio Philosophiae de Boecio (Libro V, Quinto metro)
Nuestro amigo Jaime Díaz Hernández murió unos días antes de la navidad, el 22 de diciembre del 2009. Jaime tenía apenas 49 años de edad y era valioso académico y talentoso funcionario público promotor y divulgador de la ciencia.
Al morir era director general del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Puebla. Pero antes fue director de divulgación científica de la Vicerrectoría de Investigación y Posgrado de la BUAP; secretario administrativo de la Facultad de Física y Matemáticas; y consejero universitario de su misma escuela, tanto como alumno como profesor.
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Rescatada de los amarillentos folios de un archivo privado perteneciente a una distinguida familia poblana –cuyo apellido insigne no citaré en estas líneas debido a un estricto compromiso que selló mi pluma- han sido algunos capítulos de la vida licenciosa de don Carlos de Sigüenza y Góngora.
La esforzada e intuitiva investigadora que tal descubrimiento ha consumado es la maestra en mejicanas literaturas y diabólicas paleografías novohispanas que por nombre lleva Diana Hernández y egresada que fue de la docta escuela artes dialécticas y humanidades de la benemérita universidad que asiento lleva en el edificio llamado Carolino ahora se desempeña como secretaria particular del doctor Alejandro Palma quien es el sabio que dirige la facultad de filosofía y de letras del centenario claustro.
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Tal es el nombre del nuevo libro del profesor Pedro Ángel Palou Pérez, publicado por la Presidencia Municipal de la Puebla que encabeza Blanca Alcalá Ruiz, a través del Instituto Municipal de Arte y Cultura que dirige Pedro Ocejo Tarno. Este será presentado mañana jueves 19 de noviembre a las 18:00 horas en el salón del Cabildo del Ayuntamiento de Puebla, por don Guillermo Jiménez Morales y por don Guillermo Pacheco Pulido.
Es un bello de libro de 128 páginas en cuya portada vemos una fotografía tirada a los pocos días del sitio a la casa de los Hermanos Serdán y que pertenece a la colección particular de José Luis Diez de Urdanivia. En esta foto observamos la fachada acribillada, un carruaje, la entrada de la casa sin portón, un grupo de curiosos atisbando por una de las ventanas del primer piso; y en lo alto, asomándose por la cornisa del techo de la casa, un vigilante, posiblemente un centinela policiaco.
Esta obra del profesor Palou –así lo consigna su página legal- es una aportación municipal al Comité organizador de las celebraciones del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución en el Estado de Puebla.
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