Foto: Agencia Enfoque
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El vivir en los suburbios tiene sus ventajas. La primera, solo voy a la metrópoli cuando no tengo otra opción. La segunda, me entero de lo que ahí sucede por los medios, lo que me permite afirmar, alto y claro, que son igual de “ombliguistas” que los chilangos. Si no es que más. Hace años, se decía mucho “fuera de México, todo es Cuautitlán”. Hoy en día, podemos cambiar la afirmación con algo así como “fuera de Puebla, todo es Chachapa”.

Otra ventaja de la “lejanía” (así le dicen a los diez kilómetros que me separan de la capital) es que puedo, con la mano en la cintura, hablar mal de mis colegas metropolitanos que se quejan de sus autoridades municipales, tachándolos de exagerados y “fijados”.

Sin embargo, una vez al año no hace daño, voy de vez en cuando a la ciudad de Puebla. Hace un par de meses, salí  de la “recta” pretendiendo utilizar el boulevard Esteban de Antuñano para llegar a la zona conocida como “las ánimas”. En aquel entonces, andaban “reencarpetando” esa avenida con ese material que está muy de moda, el “concreto hidráulico”. La aventurilla me costó más de cuarenta minutos de paseo en una zona de aproximadamente un kilómetro de diámetro.

Hace un par de días, nueva expedición a la sede de los poderes estatales. En esta ocasión (también, ¿a quién se le ocurre?) pensaba ir a la zona de Agua Azul, por ahí donde está el balneario del mismo nombre. ¿Qué fue lo que pasó? Me quedé atorado en un perímetro similar al de la vez anterior.

Yo no sé de quién es la responsabilidad. A todas luces, es de Eduardo Rivera, ya que es una parte totalmente de su incumbencia. Sin embargo, desde que se juraron amor eterno, todo lo hace de acuerdo con Rafael Moreno Valle (que tiene mucha más lana). Así, decidieron ponerle el famoso concreto al boulevard de los Héroes del 5 de mayo, con las consiguientes y evidentes molestias para los usuarios.

Yo sé bien que a los poblanos les choca que se hable bien de la Ciudad de México, pero este caso lo amerita. Cuando Marcelo Ebrard decidió construir la línea 12 del metro, o el segundo piso del periférico, empezó con una larga y profunda campaña de información para que el pueblo supiera a qué atenerse.

Ahora, a varios kilómetros de distancia de las obras, existen enormes letreros que indican que va a haber broncas más adelante y que más vale tomar alguna otra ruta. Lo mejor (¿o lo peor?), esos mismos letreros sugieren cuál o cuales es o son la o las más adecuada(s). Finalmente, a lo largo de esas “vías alternas” existen indicaciones para evitar que los automovilistas se sientan perdidos y muy nerviosos.

En Puebla, los letreros más elocuentes, son generalmente “Puebla Centro”. En caso de obras viales (cuyo efecto positivo a futuro no niego) lo más que nos puede ayudar es una sana motivación: “tome vías alternas”. ¿Cuáles? Ese es el chiste. Lo divertido es descubrirlas.

Por eso, siempre he afirmado que si usted es ingeniero de tránsito, no se le ocurra venir a pedir chamba aquí. En la ciudad de Puebla aborrecemos a todos los profesionales que puedan, o quieran, facilitarle la vida a los ciudadanos. A mayor molestia, mayor satisfacción.

Eso sí, no se pierdan, dentro de unos meses, los aplausos que van a escuchar tanto el gobernador como el alcalde por su incansable labor a favor de quienes los eligió. En ese instante, será el momento para dar gracias por haber llegado tarde a una cita por su ineficiencia.