La última columna que escribí en Poblanerías fue acerca de Nueva Jerusalén y referí en mi columna el artículo 24 Constitucional. Mi amigo, David Posada, también egresado de la BUAP, hizo una observación al respecto de mi columna y comentó, palabras más, palabras menos, que a pesar de que los Diputados recibían capacitación en temas de equidad y género, no estaban empapados del tema, David observó algo que yo ni había notado, el artículo 24 Constitucional es excluyente, al menos con nosotras las mujeres, pues dice:

“Artículo 24. Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade…”

El pasado 15 de Diciembre los diputados aprobaron en un acto de total incongruencia la reforma al artículo 24 Constitucional atentando contra el Estado Laico, pregunto, ya que andaban por ahí ¿no podían haber reformado ese “Todo Hombre”.

Entiendo que el espíritu de ese artículo en particular es garantizar la Libertad de Creencias Religiosas, sin embargo, aprovechando que andaban por ahí, debieron haber modificado ese “todo hombre” por “toda persona”, “todo hombre y toda mujer”, o algo similar, pues del modo en que está escrito, las mujeres en este país no tenemos libertad religiosa.

Probablemente en 1917, “todo hombre” significaba “todo hombre y toda mujer”, pero teniendo en cuenta que el decreto para que las mujeres pudiéramos votar salió hasta el 17 de octubre de 1953, lo dudo mucho.

En México los Derechos de nosotras las mujeres están garantizados en principio por nuestra propia Carta Magna que en su artículo primero establece entre otras cosas, que todas las personas gozarán de los Derechos Humanos reconocidos en la Constitución y prohíbe entre otro tipo de discriminaciones, la que es en razón de género.

Algunas otras leyes que garantizan nuestros Derechos son la Ley General Para La Igualdad Entre Mujeres Y Hombres, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, la Ley de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Ley del Instituto Nacional de las Mujeres, los instrumentos internacionales ratificados por México, las Leyes propias de la materia en cada Estado y en el Distrito Federal, etc.

El objeto de la Ley General Para La Igualdad Entre Mujeres y Hombres, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 2 de agosto de 2006, según su propio Artículo Primero, es regular y garantizar la igualdad entre mujeres y hombres y proponer los lineamientos y mecanismos institucionales que orienten a la Nación hacia el cumplimiento de la igualdad sustantiva en los ámbitos público y privado, promoviendo el empoderamiento de las mujeres.

Dicha ley, no menciona NADA sobre las reformas legislativas necesarias para que las leyes que no son al respecto de los Derechos de Igualdad, garanticen los propios derechos de igualdad entre hombres y mujeres. En pocas palabras, la Ley General Para La Igualdad Entre Mujeres y Hombres, no establece la obligatoriedad y ni siquiera contempla la necesidad de modificar otras leyes a fin de que se garantice nuestra igualdad de Derechos.

Las únicas veces que habla de legislar en materia de igualdad, se refiere a las leyes propias de la materia de igualdad. Además, la multicitada ley, es una Ley que hicieron y aprobaron con su hermosos pies los legisladores, y si no me cree, traduzca esto:

“Artículo 40.- Para los efectos de lo previsto en el artículo anterior, las autoridades correspondientes desarrollarán las siguientes acciones:…

VIII. Impulsar las reformas legislativas y políticas públicas para prevenir, atender, sancionar y erradicar en los ámbitos público y privado;”

“Artículo 39.- Con el fin de promover y procurar la igualdad en la vida civil de mujeres y hombres, será objetivo de la Política Nacional:”

O sea ¿Cómo? Erradicamos la promoción y procuración de la igualdad de las mujeres y hombres? WTF, que alguien me explique.

Regresando al tema que dio origen a la presente columna, es necesario que las mujeres legisladoras impulsen la reforma al 24 Constitucional, esta vez que sea para garantizar los Derechos de las mujeres en razón de Libertad Religiosa, ahí le encargo de manera particular a Rocío García Olmedo.

Por otro lado, invito a las mujeres que leyeron estas líneas a que estemos al pendiente de nuestros Derechos, me parece absurdo, que fue más fácil que lo notara un amigo, que la suscrita y encima fue el único que comentó al respecto del tema, ninguna mujer, incluyéndome le hizo segunda, pues así como.