Foto: impacto.mx

Del surrealismo, pasando por el sarcasmo y llegando al cinismo, así son ambos, cómplices, amigos, colegas, tal vez compañeros de guerras que hasta eligieron el mismo fin de semana para mostrar sus fortalezas y decirle a México: ¡Viva el sindicalismo charro!, la corrupción y por supuesto la perpetuidad en el poder.

“La Maestra” Elba Esther Gordillo se anotó un triunfo a través del tinglado llamado elección interna en el SNTE para mantener las riendas del sindicato magisterial por un sexenio más.

En tanto, el enemigo público de los verdaderos trabajadores de PEMEX, Carlos Romero Deschamps logró la reelección como dirigente nacional de un sindicato que sigue siendo de los más poderosos.

En estas contradicciones de la vida sindical es obligada la reflexión ante la resistencia a un cambio, quizá feroz pero inminente, en estructuras de trabajadores que son lideradas no por ellos, sino por la banda de Ali Babá y sus 40 ladrones que durante décadas ha vivido, viajado, vestido lujosas marcas, con propiedades en el extranjero y sí, todo gracias a los bolsillos de maestros y trabajadores petroleros.

Con su oráculo en mano y sabedora de las recetas más antiéticas y estéticas, “La Maestra” arengó, gritó, se encabritó y seguramente actuó como es su estilo, pero aprovechó el congreso magisterial en Cancún para dejar en claro que sigue mandando en ese gremio.

En un dedazo de fin de semana ambas reliquias del sindicalismo a sueldo, lograron mantener sus respectivos timones, más por imposición que por la voluntad de sus bases trabajadoras.

Resulta todo un sarcasmo escuchar el discurso de la mujer más poderosa del SNTE y comprobar que este tipo de liderazgos caducaron y se resisten a dejar la ordeña de la que han vivido por décadas.

Con el Pemexgate a cuestas y acostumbrado a la exquisitez de una vida de lujos muy lejana a sus tiempos como limpiador de tuberías en la paraestatal, Romero Deschamps sabe que es hora de enseñar los colmillos y aliarse con las malas artes y embrujos de su amiga Elba, para defender lo que en realidad ya consideran como un patrimonio, no sindical, sino familiar.

Coronada como la gran hechicera de esos triunfos que sólo ella sabe cocinar a través de pactos políticos, negocios inmobiliarios y todo tipo de triquiñuelas que la mantengan entre los poderosos, Gordillo critica con el más abierto descaro a quienes a su vez cuestionan la democratización de su organización gremial.

Y es que al escucharla, es imposible excluir los análisis y las preguntas de cuánto poder se puede acumular a la sombra de la ignorancia, corrupción, el corporativismo y el pago de dádivas en respuesta a los miles de votos magisteriales que se utilizan como el “mejor capital” de la maquiavélica maestra quien cautiva voluntades, apoyos, gobernadores y por supuesto,  Presidentes.

Con su retórica exacerbada, sus retales, algunas frases puntillosas y muy venenosas, Gordillo dijo que el magisterio no se arrodilla ante nadie; frase metafórica sin duda, cuando hay quienes tenemos memoria para decirle a la querida maestra que más de una vez arrodilló a su propio gremio ante la complacencia de Presidentes y con un solo objetivo: Acumular más poder.

Con un discurso trillado y plagado de frases muy hechas como el “me voy, hasta que ustedes digan”, los dos dirigentes de los gremios magisterial y petrolero respectivamente, le dieron al país una triste y desgarradora lección: En México los líderes sindicales no se eligen, se imponen, con requisitos básicos e imprescindibles como el cinismo, la perpetuidad y la corrupción.

@rubysoriano
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