Cada año, por estos días, solía tener una agradable pelea con la mitad de mis lectores: aquella que rechaza, por principio, el cambio de horario que se da, periódicamente a fines de octubre. Este año, he decidido no tratar el asunto para no hacer corajes. Creo que la medida, efectivamente, ahorra al país una buena cantidad de recursos financieros, pero al no ser un especialista, tengo que ponerme a investigar para citar tres o cuatro datos contundentes que nadie pela.

Por mi parte, confieso que es desagradable, durante algunos días, despertar muy tempranito y tener sueño cuando aún no es hora de dormir.

Tampoco trataré el mismo tema a fines de abril de 2013, cuando ocurra el fenómeno exactamente contrario.

Dentro de un mes, tendría que enarbolar los méritos del Teletón y repetir, hasta la saciedad, comprensión y respeto por este muy loable movimiento que, desgraciadamente, ha sido en mucho cooptado por Televisa. Tras el año político – electoral que acabamos de vivir, no siento que sea necesario que me arriesgue.

El “Chovi” Landeros está grandecito para defenderse solo y sabe el daño que le causa la intervención de la televisora. También sabe que, desgraciadamente, sin el Canal de las Estrellas, todo su proyecto se viene abajo, pese a los cientos de patrocinadores y colaboradores que están con él.

Entendamos que el Teletón le es muy útil a la empresa de Emilio Azcárraga Tercero para darse un baño de pureza y aparentar lo que no es. Igual les dio un programa de tele a los chavos del #132 para curarse en salud.

Por cierto su “competidor” Ricardo Salinas Pliego, de TV Azteca, hace lo propio con el Juguetón dentro de dos meses… Un día de buenas acciones, enorme solicitud de apoyo previo a sus televidentes y trescientos sesenta y cuatro días de tranza y mala programación. Así es la televisión mexicana. Ni modo.

Otra de las cosas que también me da cada vez más pereza comentar, aunque es mucho más grave y mucho más peligrosa que el cambio de horario o las labores altruistas de las televisoras, es la inutilidad, la total ineficiencia de quienes están a cargo de nuestra seguridad.

Yo propuse, hace mucho tiempo, que el doctor Manuel Mondragón y Kalb continúe al frente de la policía de la Ciudad de México. Es un hombre capaz, un funcionario de resultados y que sabe lo que debe hacer, cómo lo debe hacer y cuándo lo debe hacer. Corre el chisme que Miguel Mancera ha oído la congruencia y va a invitar a Mondragón a seguir en su puesto. Ojalá y así sea.

Inútil siquiera soñar que Enrique Peña Nieto le robe a su secretario de seguridad al Jefe de Gobierno. Lo más probable es que, para el nivel federal, nos receten a un nuevo García Luna, mientras en Puebla nos seguiremos aguantando a don Ardelio Vargas Fosado. Supongo, basado en la filosofía oriental, que debemos pagar nuestro Karma, los pecados que cometimos en vidas pasadas.

Por otra parte, parece que el Presidente electo le va a pedir a su director de Comunicación Social en el Estado de México que lo acompañe en esta nueva aventura. Mientras, en Puebla, seguiremos recibiendo cartas aclaratorias, viendo como son demandados los colegas (los dos “indiciados” no son mis compañeros pero sí mis respetados colegas), leyendo los proyectos de la famosa ley de medios y otras linduras.

Por cierto, don Sergio Ramírez Robles no contestó  a mi reciente invitación… Ni modo.

Apenas está por empezar noviembre y ya me puse a hacer una lista de propósitos y mis cartitas a Santa Claus y los Reyes.