Una de las cosas que está de moda en Puebla en estas épocas, es buscar que muchos de los municipios del estado sean nombrados “Pueblo mágico”.  Esto, fuera de ser un título muy atractivo y de fácil utilización en la mercadotecnia turística, representa lana, mucha lana tanto para el estado como para el propio municipio.

Aunque el ser declarado “Pueblo mágico”  implica compromisos y obligaciones (de bastante fácil cumplimiento), no es nada del otro mundo. No nos vayamos con la finta, no por ostentar el título cambia de fondo la vida del lugar elegido. Si viaja a Cuetzalan, no se imagine que se va a topar con Harry Potter en alguna esquina, ni que encontrará una tienda de pociones u otra que ofrezca varitas encantadoras.

El fondo del asunto, la triste realidad, es que el ser “Pueblo mágico” implica recibir buenas cantidades de dinero. Es un poco, con sus enormes asegunes, como el ser catalogado como “Patrimonio cultural de la humanidad”, con la sutileza de que esta declaratoria está a cargo de la UNESCO e implica, aquí sí, un montón de requisitos. Al fallar, se pierde el nombramiento y, por ende, las enormes sumas de dinero que entrega el organismo internacional.

Ahora resulta que a los genios encargados de esas cosas (bajarle lana a quien se deje) se les ocurrió que Cholula debería acceder a esa distinción. La bronca es que no veo, ni por asomo, el menor argumento para lograr ese propósito. Y conste que soy Cholulteca y me encanta vivir aquí.

De buenas a primeras, a los promotores se les olvida que existen TRES Cholulas: San Pedro, San Andrés y Santa Isabel. De las tres, la única que podría ser considerada “pueblo” sería la última. Las otras dos están totalmente conurbadas entre sí y a la capital del estado. Solo algunos letreros de bienvenida y despedida nos ayudan, a veces, a enterarnos de donde estamos.

Lo que le dio fama histórica mundial a Cholula son sus pirámides y sus supuestas 365 iglesias. La pirámide principal está, desde tiempos de antes de la colonia, en litigio entre San Pedro y San Andrés. Afortunadamente, como la zona está administrada por el INAH, se considera federal y no ha corrido sangre. La bronca es bastante peor que la que enfrenta a Puebla con San Andrés. Esta se limita al cobro de impuestos, mientras la otra tiene unas cargas emotiva, histórica, religiosa y mística mucho muy profundas.

Como breviario cultural, mencionaré que, cuando Bernal Díaz del Castillo describió a Cholula, para expresar que había muchos, dijo “tiene tantos templos como días en el año”. De hecho, sólo son doscientas y pico las iglesias, lo que no está  nada mal, lo que sea de cada quién.

Fuera de esto, San Andrés no tiene nada “mágico”  que ofrecer, como tampoco Santa Isabel. A menos que se considere al centro comercial de Angelópolis como obra de hadas y duendes. San Pedro tiene el portal más grande de América, el conjunto formado por el convento de San Gabriel, la capilla de la tercera orden y la capilla de reyes, además de la enorme mayoría de iglesias.

En vez de elucubraciones sin base, yo sugeriría nombrar “algo” (no sé si mágico, o simplemente interesante) a Chipilo (junta auxiliar de San Andrés Cholula), comunidad formada por descendientes de inmigrantes italianos. Casi todos sus habitantes aún hablan el “veneto”, dialecto de su lugar de origen. ¿Qué tal si fomentáramos en Chipilo la vida totalmente en italiano y motiváramos a comerciantes y habitantes a recrear un pueblito de la región de Venecia? Eso sí atraería al turismo.

Sugerencia sin cargo.