Después de las elecciones presidenciales pasadas, cuando el priísmo se quedó con 12 de 16 diputaciones federales y las dos senadurías a cargo de Blanca Alcalá Ruiz y Lucero Saldaña, todo apuntaba a que el PRI estatal se aprestaba a recuperar la alcaldía de Puebla, las principales ciudades del estado y la mayoría del Congreso local en los comicios de julio próximo.

Al frente del PRI nacional, César Camacho e Ivonne Ortega enviaron señales promisorias para el priísmo poblano: desecharon al morenovallista Fernando Morales Martínez como dirigente estatal del partido y lo suplieron con Pablo Fernández del Campo, que si bien no es visto como un gran estratega  ni como un real líder aglutinador y carismático; no es marinista, tampoco tiene compromisos con el equipo del gobernador y lleva una trayectoria personal y política limpia, sin denuncias graves en su contra.

Incluso, desde que comenzó este 2013, Fernández del  Campo y el PRI estatal asumieron una postura pública y discursiva crítica contra el gobierno estatal y, después de dos años de la actual administración panista, el priísmo comenzó a ser oposición, a cuestionar los programas de la gestión morenovallista y a tratar de erigirse en su contrapeso político.

LA HEDIONDEZ DEL MARINISMO

Entre los círculos políticos, comenzaba a percibirse que el presidente Enrique Peña Nieto haría todo por derrotar al gobernador Rafael Moreno Valle en la ciudad de Puebla y, principalmente, en el Congreso local, donde lo peor que le puede pasar al mandatario estatal es que un PRI realmente opositor a él y leal al Ejecutivo federal  le quite la mayoría parlamentaria.

Hasta la llegada de un consumado mapache electoral como Fernando Moreno Peña en su calidad de delegado especial del CEN priísta, permitían prever que el PAN y el morenovallismo tendrían serias dificultades para retener la capital, las ciudades más importantes del estado y el control de un próximo Congreso local, que tendrá entre sus facultades las de aprobar las cuentas públicas de Moreno Valle y de Eduardo Rivera, edil de Puebla.


publicidad puebla
 

Sin embargo, hoy el problema para el PRI y sus candidatos – en especial para los que contiendan en la capital y la zona metropolitana- será que, además de enfrentar al PAN y al morenovallismo fortalecidos por los recursos y atribuciones inherentes a los gobiernos estatal y municipal,  deberán luchar contra la hediondez del marinismo enquistado en las delegaciones federales de Enrique Peña Nieto.

Es más que probable que Peña Nieto, Osorio Chong, Luis Videgaray, Edwin Acra, hayan decidido llenar de marinistas a las delegaciones del gobierno federal, para pagar los favores económicos y operativos que la gente de Mario Marín Torres les hizo en campaña y como manera de contrarrestar y enfrentar al morenovallismo, que tiene controlados a los demás grupos priístas de Puebla: Melquiades Morales,  Blanca Alcalá Ruiz, Javier López Zavala, Enrique Doger, etc.

PAN DEBERÁ RECURRIR AL ANTIMARINISMO PARA REVERTIR SU PROPIO DESPRESTIGIO

Además, con excepción de personajes como Javier López Zavala, Juan Carlos Lastiri y José Luis Márquez Martínez, que de ser cruzados marinistas se voltearon raudos y veloces para abrazar al morenovallismo, el grupo político del “góber precioso” es de los pocos que han mantenido una cierta distancia respecto a la actual administración estatal.

No obstante, el problema que tendrán Enrique Agüera, José Chedraui, Enrique Doger, Víctor Giorgana o el que sea candidato del PRI a la alcaldía será el enfrentar las acusaciones panistas por el regreso de los marinistas al 1er círculo del poder de la mano del gobierno federal con sus delegaciones en Puebla.

En campaña, para revertir su propio desprestigio luego del fracaso de la gestión de Felipe Calderón, a través de los medios el PAN podrá recordar a los ciudadanos todos los escándalos del marinismo, como el ataque contra Lydia Cacho, el narco alcalde de Izúcar Rubén Gil, la ejecución de varios policías municipales de Puebla en la zona de las Ánimas y, sobre todo, los públicos y groseros  enriquecimientos de varios ex colaboradores del “góber precioso”, como Alfredo Arango, Javier García Ramírez, Javier Sánchez Galicia, Javier López Zavala, etc.

En este contexto queda claro por qué en la elección local intermedia de julio, el marinismo puede erigirse en uno de los más poderosos aliados –aunque involuntario – del PAN y del morenovallismo.