La vida sexual de Diego Hernández solía durar 10 segundos, el tiempo perfecto para tomar agua, abrocharse los zapatos o rebanar un pastel; pero él, involuntariamente, lo perdía entre una erección y su eyaculación.

Duró así más de un año.

El problema no terminó ahí: por más de seis meses lo negó; evitó encuentros sexuales con su pareja y hasta se atrevió a exclamar “Yo ya cumplí”.

Recurrió a todos los remedios, utilizó pomadas, ungüentos y en ocasiones probó masturbarse, pero nada, la disfunción sexual no mejoraba.

Más tarde, cansado de los remedios caseros y de los consejos “de sauna”, se atrevió a consultar a un médico amigo suyo. El problema no era tan grave como él pensaba.

Frecuentó sesiones psicológicas por más de ocho meses.

Ahí, a través del diálogo entre su médico y su esposa, recuperó la confianza y la comunicación con su cuerpo. Los resultados fueron evidentes: se sintió menos estresado y comenzó a disfrutar –de nueva cuenta– sus relaciones sexuales.

En entrevista para Poblanerías en línea, Diego –quien ahora está divorciado – asegura que fue víctima de una mala jugada de los nervios, el estrés laboral y la ignorancia; sin embargo, actualmente puede afirmar que la eyaculación precoz está controlada, superada.

Todos los hombres estamos expuestos a esta situación, es mentira eso del súper hombre. Todo tiene un inicio y un fin, y hay que estar preparados. Yo afortunadamente recurrí a tiempo a un amigo y ahora soy feliz”.

Foto: Arturo Alfaro Galán
Foto: Arturo Alfaro Galán

Confió que desde hace unos años, sabe muy bien qué hacer con 10 segundos de su tiempo sin que se le vayan de las manos.

Según Diego, uno de los soportes más importantes en su recuperación fue su pareja. A través del diálogo, logró devolver a la relación sexual, la vitalidad que había perdido a consecuencia del estrés y los nervios.

Ellas también sufren

Josefina Martínez –por su parte– es una de las mujeres que padeció, junto a un hombre, de eyaculación precoz.

Ocurrió a los 17 años y la marcó para siempre. La situación permaneció durante dos meses, antes de terminar por concluida la relación.

Íbamos en la preparatoria y eran nuestras primeras experiencias. Yo tampoco sabía mucho del tema, ni tenía dominado el tema de eyaculación precoz y creo que a partir de ahí, lo entendí (…) Pasaba mucho que el chavo apenas me tocaba los senos o el área de los muslos y terminaba”.

La joven de 24 años relata que antes de dar por concluida la relación con su pareja, “él intentó hacer algunas cosas de cliché, como palabras o movimientos como muy pre programados como de cine, de televisión” y simplemente, las cosas no salían.

Asegura que la eyaculación precoz en su pareja fue una de las razones para terminar su relación, pues en caso de que no existiera este padecimiento –o bien que lo hubiera superado durante su acompañamiento– sin duda habría más oportunidad de continuar con el trato.

Sólo 1 de cada 10 busca ayuda

En Puebla, según datos de la Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS, por sus siglas en inglés), al menos tres de cada 10 hombres adultos padecen eyaculación precoz, una disfunción sexual que se caracteriza por la falta de control en el reflejo eyaculatorio o por la rapidez en la expulsión del semen durante el coito.

Este padecimiento ocupa el primer lugar entre los hombres adultos de México, donde sólo uno de cada 10 masculinos recurre a un profesional de la salud, afirma el sexólogo Alfonso Aguirre, miembro de la WAS en Puebla.

Explica que la vergüenza y el estigma son los frenos para que los hombres busquen ayuda con un médico.

Menciona que antes de atenderse prefieren experimentan con “productos milagro”, como pastillas, ungüentos, leer revistas; o bien, buscar información poco sustentada en internet.

Aguirre considera que la eyaculación precoz no sólo es psicológica, sino multifactorial, donde intervienen razones como el estrés, agotamiento, cansancio, distracción, falta de comunicación con la pareja y desinhibición, entre otros.

Incluso, persiste el mito que aquellos hombres que se masturbaron en exceso durante la adolescencia, desarrollan con mayor frecuencia esta disfunción, cuando clínicamente está comprobado que no es así.

Agrega que los varones con ansiedad o problemas de pareja, tienen mayor riesgo de padecer este problema.

Otro de los factores que frenan a los varones para pedir ayuda médica es que muchos, como siempre han expulsado el semen de manera rápida, piensan que “es normal” y se niegan a aceptar que “están fallando sexualmente”.

La cuestión cultural también es un factor importante en este problema, muchos dicen: penetrando y eyaculando, entonces para ellos expulsar el semen de manera rápida no significa un problema, piensan que es normal”.

El sexólogo indica que de acuerdo con los estudios clínicos el ideal de latencia eyaculatoria es de siete a 10 minutos; mientras que el tiempo de un eyaculador precoz es entre 10 segundos y tres minutos, antes de la penetración.

Finalmente, Aguirre sostiene que el problema de la eyaculación precoz no sólo afecta a los hombres, sino también a las parejas; por lo que exhorta a las personas con este padecimiento acudir a un especialista a recibir orientación médica y psicológica.