En un muy interesante texto publicado hace unos días, Poblanerías en línea presentó un estudio acerca del uso (¿abuso?) del gobierno de Puebla de las redes sociales. Ahí se explicaba cómo los servicios de prensa de Rafael Moreno Valle lograban replicar –ad infinitum- los mensajes enviados a Twitter, por los colaboradores del gobernador.

Esta técnica no es nueva. De hecho, su mayor exponente fue, sin duda alguna, el ministro alemán de propaganda, Joseph Goebbels, íntimo amigo de Adolf Hitler y quién acuñó la frase inmortal “Una mentira mil veces repetida... se transforma en verdad”.

Sin embargo, el caso no es nuevo. Es más, si me apuran, diría que es parte de la rutina de muchos comunicadores sociales en diversos gobiernos. Al respecto, permítaseme recordar un episodio de la política poblana que ilustra bastante bien lo dicho.

En aquel entonces (mucha agua ha corrido desde esa época), yo era coordinador del informativo “Hechos para despertar” que se transmitía por Televisión Azteca Puebla. Mario Plutarco Marín Torres era el alcalde de la ciudad capital.

Aunque nunca me metí en aspectos administrativos y contables, me imagino que existía algún tipo de contrato, acuerdo y/o convenio entre el Ayuntamiento y la televisora. De esta manera, el señor presidente era un “invitado frecuente” de “mi” noticiario.

Así, una mañana, don Mario estaba programado para una entrevista en vivo. Por angas o por mangas (juro solemnemente que no recuerdo el “por qué”) no pudo asistir el alcalde y ajustamos los tiempos para que el programa saliera airoso, aunque la cancelación fue de último minuto.

Evidentemente, los conductores nunca mencionaron la cancelación de nuestro invitado y el informativo siguió su curso como si nada.

Lo interesante (y divertido) del asunto es que, a la hora inicialmente prevista para la entrevista con el presidente, los teléfonos de TV Azteca empezaron a timbrar sin cesar, hasta casi saturarse. Todas eran llamadas de apoyo, admiración y agradecimiento a Mario Marín Torres que “acaba de pronunciar” palabras históricas…

La “claque” (así se les dice a los paleros en francés) estaba avisada, conminada, invitada, convocada, obligada, a participar activamente en la transmisión televisiva, pero nadie le dijo que, además, tenía que encender su televisor…

 Los medios han cambiado. Las técnicas de comunicación también. El teléfono está dejando su lugar a las redes sociales. Los paleros ya no se toman la molestia de marcar un número y simplemente envían un mensajito… si es repetición de otro, mejor y más fácil. Si existe algún sistema (barato de preferencia) que haga todo el trámite, qué mejor.

Claro está, los políticos no están protegidos de algún ridículo como el que le tramos de evitar en aquel entonces a Marín. Los “hashtags” pueden existir aunque nada ni nadie los sustente. Y ahí, no hay censura previa, ni protección de “buena onda” para “cubrir” al señor importante.

Si a Valentín Meneses, que era muy ducho en esos menesteres, le pudo pasar lo que acabo de relatar y que pudo haberle costado la chamba, no dudo que Marcelo García Almaguer, mucho más ducho que “el Vale” y bastante mejor capacitado, también pueda cometer errores de este tipo. Con la agravante, enorme, de que las redes sociales son, por esencia, incontrolables e imparables.

Como periodista de la vieja escuela, que ni a las grabadoras les tengo confianza, me encantan, me motivan, me interesan y me llaman enormemente la atención las herramientas modernas. Sin embargo, sigo convencido de que la mejor, y única, manera de transmitir con buenos resultados un mensaje que sea creíble y aceptable, es utilizando una cosa un poco en desuso, pero totalmente válida y oportuna: la VERDAD.