Por la mañana de este domingo, vía twitter, el candidato de Puebla Unida a la diputación local por el distrito 14, Pablo Rodríguez Regordosa, ofreció hasta 10 mil pesos de recompensa a los ciudadanos que denuncien y entreguen a las autoridades a quienes reparten propaganda negra contra su compañero y aspirante a la alcaldía, Antonio Gali Fayad.

Pocas horas más tarde, el equipo de campaña del candidato de la alianza 5 de Mayo, Enrique Agüera, denunció que 12 presuntos operadores de Puebla Unida anduvieron repartiendo propaganda negra contra el aspirante priísta-pevemista a la alcaldía. Incluso, el PRI dio fotos y nombres de los supuestos distribuidores de los folletos y Cds contra el ex rector universitario.

Contra Tony Gali o Enrique Agüera, lo cierto es que desde hace varias semanas de manera permanente aparece propaganda negra en las calles de Puebla. Lo mismo son reducciones de supuestos diarios locales que llevan en su portada señalamientos contra el aspirante de Puebla Unida que folletos con acusaciones hacia el representante de la alianza 5 de Mayo.

¿Quién tiró la primera piedra?

¿Qué alguien de la alianza PRI-PVEM anda repartiendo propaganda negra contra Tony Gali?…muy posible que sea cierto. ¿Qué gente de la coalición PAN-PRD- MC-PANAL distribuye folletos contra Enrique Agüera?…también es muy factible.

¿Algún equipo de campaña de los dos aspirantes  principales a la alcaldía reparte publicidad negativa hacia su propio candidato para victimizarse y descalificar el proceso electoral?…puede ser. Es imposible definir quién tiró la primera piedra o golpe y  estas alturas de la campaña tampoco creo que importe demasiado dilucidar ese punto.

Lo cierto es que resulta bastante notorio y hasta lógico que también en este rubro hay un empate, dentro de una elección que – se presume – es muy competida y cerrada, como la actual por la alcaldía de Puebla.

Es posible que reciba críticas por señalar lo que diré a continuación, pero, en lo personal y luego de cubrir elecciones federales y locales como periodista desde 1995, considero que el uso o abuso de propaganda negra es inherente a los comicios, sobre todo en un sistema político como el mexicano: bastante defectuoso y caro, pero con una sola virtud, que es de real competencia partidista y con una frecuente incertidumbre en el resultado final.

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