“Hacer creer que la parcialidad
es toda  la realidad  es obra
 de  artistas o de perversos”
Abel Pérez Rojas 

Imagine a una mujer levitando mientras aborda el tren o cuando intenta tomar agua de un despachador público.

¿Imágenes interesantes verdad, pero qué tienen que ver con nuestra realidad nacional?

Desde hace algunos años la artista Natsumi  Hayashi  (yowayowacamera.com/)  se toma fotografías “levitando”.

Para conseguir su cometido Natsumi  Hayashi  ajusta su cámara fotográfica y salta una y otra vez hasta que consigue la imagen deseada, porque ella no emplea programas de computación para manipular sus imágenes.

Hayashi ha encontrado una forma creativa para mitigar su deseo de volar y ha logrado plasmar atmósferas urbanas y rurales que contrastan con la tiránica velocidad de la cotidianidad. 

Aprovecho la obra de Natsumi  Hayashi para  pensar que es precisamente el ritmo y embrollo opresor citadino, producto de relaciones insanas,  lo que está enfermando a más personas.

En contra sensu, según el Índice para una Vida Mejor, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) el 85% de los mexicanos están satisfechos con su vida, porque afirman que tienen más experiencias positivas que negativas.

En comparación con el resto de los países miembros, de acuerdo a datos de la misma OCDE, tenemos un promedio de vida menor, trabajamos más, no avanzan nuestros estándares educativos, tenemos tres veces más posibilidades de ser asaltados, pero estamos más satisfechos con nuestras vidas.

Algo no está bien, porque sólo por tomar un hilo de la madeja,  el estrés crónico se está convirtiendo en una constante en la población mexicana, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) el 75% de los mexicanos padece estrés laboral, esto le  ha convertido en el país con uno de los mayores números de personas estresadas.

Por su parte, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en nuestro país anualmente se presentan alrededor de 75 000 infartos al año, de los cuales el 25 por ciento está vinculado con el estrés laboral.

De ser cierta la realidad plasmada en el estudio de la OCDE y contrastándola con información de otras instancias como el IMSS, la UNICEF y la OMS, los mexicanos nos encontramos en una ruta absurda y suicida.

Los mexicanos estamos más estresados, somos más obesos, nuestra formación no progresa como quisiéramos, ni vivimos en lugares seguros, pero estamos más satisfechos de la vida que llevamos en comparación con la mayoría de las naciones que conforman la OCDE.

Retomando analógicamente  la obra de Natsumi  Hayashi, al parecer los mexicanos podríamos efectivamente creer que sí levitamos, que las imágenes captadas por la lente no son un juego de sincronía entre tiempo y espacio y que nosotros, sólo con desearlo, sí podemos romper la ley de la gravedad.

Lo alarmante de este ejercicio, es que sale a la vista la posibilidad de que esté resurgiendo en la imaginaria colectiva mexicana una especie de distorsión de la realidad que nos permite tolerar todo tipo de ambientes hostiles con tal de vivir. Mejor dicho: de sobrevivir.

Si es cierta mi apreciación, los mexicanos tendríamos que despedirnos de los aparentes avances democráticos conseguidos en las últimas décadas y prepararnos para un mayor lapso de letargo colectivo, porque si no podemos ver la realidad tal cómo es, entonces difícilmente podremos tomar las decisiones que nos permitan corregir la ruta de navegación.

Urge despertar del sueño que nos hace creer a los mexicanos que nosotros sí levitamos.

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