Quizá el acontecimiento más trascendental del siglo XX para nuestro país fue la revolución Mexicana. Después de que Madero participara en elecciones sabiendo que perdería y posteriormente solicitara al congreso la anulación de la misma, anticipando también, que se le rechazaría.

Llamó al pueblo a las armas expresando lo siguiente: “No sería hombre, si no convocara al pueblo a un movimiento armado” fue la decisión de un ciudadano y la voluntad  de la colectividad, lo que dio como resultado la liberación de un sistema autoritario y una de las constituciones más avanzadas del mundo pues se contemplaba por primera vez los derechos laborales y las garantías individuales.

De ese tamaño fue el efecto de una lucha con determinación, de una sociedad lastimada por el Porfiriato que duró más de 30 años. Revolución que se consagró a pesar del excesivo control político, social y de comunicación por parte del mandatario.

¿En dónde quedó ese México que daba su vida por hacer valer sus derechos?

¿En dónde quedaron esos mexicanos nacionalistas, con voluntad de mejorar la realidad del país?

Y sobre todo, en qué momento nos comenzaron a molestar las manifestaciones, en qué tiempo, a nosotros, que emanamos de un movimiento de masas, de mayorías. Ahora nos resulta incomodísimo ver la participación de un grupo social, político que juzga el actuar de un gobierno injusto, y como hace más de 100 años totalitario.

Cuándo perdimos el sentido de lucha contra un gobierno irracional. Inaceptable, será que como dice la columnista Alma Delia, ¿sentimos tanto que ahora ya no sentimos nada?

A veces parece que traicionamos nuestras propias raíces, parece que le damos la espalda a la historia, se nos olvida que los derechos que hoy gozamos, por ejemplo yo, de escribir lo que se me da la gana en este espacio, o de expresar cada quien desde su trinchera lo que guste. Ese espacio (entre muchos de libertad) tan crucial nos lo dieron compatriotas que ahora llamaríamos revoltosos, flojos y violentos.

Digo esto, porque necesitamos la fuerza, la voluntad y la tenacidad de aquellas personas que decidieron transformar su entorno, buscando la libertad y la mejora de condiciones para vivir. Digo esto porque parece que estamos regresando al gobierno que hace más de un siglo se derrocó, un gobierno represor, un gobierno inepto (quizá peor) pues por lo menos en el porfiriato hubo crecimiento económico, ahora ni eso. Regresó un gobierno que sus reformas (transformadoras) lastiman de manera directa a la ciudadanía, regresó el partido que traiciona los objetivos más importantes de la revolución, que era la igualdad de oportunidades para toda la sociedad.

El viejo, inoperante sistema ha vuelto.

Necesitamos que esas personas que lucharon por cambiarlo, también vuelvan. Y no necesariamente con armas. Con información con crítica con argumentos y razón.