“La educación como la vida
se abre paso hasta en la mierda”
Abel Pérez Rojas

Hoy en el mundo –México es un claro ejemplo-  se viven contextos reducidos a la podredumbre. ¿Cómo educar(se) en lugares como Oaxaca, Guerrero, Michoacán, donde la violencia organizada mata a chicos y grandes, en particular a líderes de cohesión social? ¿Cómo educar(se) en ambientes donde las escuelas públicas son campo de batalla entre unos y otros? ¿Cómo educar(se) en contextos insalubres cuya única constante son los bajos índices de desarrollo?

La clave para evolucionar en entornos como los que abundan en México es aprender a educar(se) en la mierda.

La vida de Nelson Mandela es un claro ejemplo de educar(se) en la mierda.

Es deseable que el proceso formativo de los seres humanos se efectúe en condiciones propicias, en situaciones intencionadas para el desarrollo armónico de la personalidad de mujeres y hombres.

Lamentablemente no siempre la formación se efectúa en situaciones ideales, es más, hay circunstancias en las cuales el desarrollo de los individuos se presenta a pesar del entorno y de las autoridades locales, es decir, a veces el proceso reflexivo de educar/educarse se da en las peores condiciones: en la mierda.

Hasta 1992  predominó en Sudáfrica un sistema de segregación racial cimentado en la superioridad blanca llamado apartheid. Las condiciones impuestas por el apartheid impidieron a la mayoría poblacional sudafricana de raza negra sufragar y poder ser electos. En el apartheid se cometieron gravísimas violaciones a los derechos humanos de la mayoría de la población.

Nelson Mandela, inicialmente condenado a cadena perpetua, pasó 27 años en prisión, primero en  Robben Island y luego en la cárcel de Pollsmoor.

Los años de prisión de Mandela fueron jornadas agotadoras de trabajos forzados, suavizados en parte con autodidactismo. Precisamente una de las claves para educar/educarse en las peores condiciones, en la mierda, es la autoformación y la generación de micro células de aprendizaje orientadas por la dignidad y la conservación de la integridad.

Madiba –como cariñosamente se le decía a Mandela- estableció en prisión una red de autoformación con sus compañeros de lucha y de prisión: Ahmed Kathrada, Walter, Laloo Chiba, Mac Maharaj, entre otros.

Nelson Mandela escribió a propósito de lo anterior: “La prisión es en sí misma una tremenda educación sobre la necesidad de paciencia y perseverancia. Es, sobre todo, una prueba del compromiso con  uno mismo..."

Nutrirse de cada logro, por pequeño que parezca es otra clave de la vida presidiaria de Mandela.

Cada logro debe representar para el autodidacta una luz en la oscuridad, cada avance debe ser una oportunidad para paladear los frutos de mantenerse fiel a los ideales.

En su autobiografía, Mandela menciona dos elementos que le permitieron sobrellevar la vida en prisión: aprovechar la experiencia previa y ver lo bueno en cada persona.

En el caso de Mandela su experiencia como abogado le permitió entender la vida en prisión puesto que en varias ocasiones defendió a otros reclusos.

La vida en prisión no le amargó la vida a Mandela, porque aunque tenía motivos suficientes para haber detonado todo su odio hacia sus captores, mejor optó por hallar la bondad en medio del odio.

Los distintos manuscritos de Nelson Mandela nos dan cuenta de cómo el proceso de autoformación fue impactando en la maduración de su pensamiento, y en el fortalecimiento de los lazos fraternos con sus camaradas presos.

Por supuesto que Mandela fue un ser extraordinario, pero aún los seres universales se esculpen en el día a día a través de procesos inexplicables para los ojos inexpertos.

Cuando las circunstancias nos recluyen en la mierda, sólo llevando a cabo esfuerzos extraordinarios podemos liberarnos de las fatales prolongaciones del dictador destino.

Abel Pérez Rojas ([email protected] / @abelpr5 / facebook.com/PerezRojasAbel) es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige Sabersinfin.com.