El pasado 7 de enero, el  columnista de La Jornada Víctor M. Toledo publicó un artículo muy interesante intitulado “México, territorios liberados: ¿la luz en el túnel?”,  en el que analiza el fenómeno de las comunidades de autodefensa que han surgido en diversas entidades, sobre todo en Guerrero y Morelia, las cuales encarnan potencialidades de liberación inusitadas e inéditas.

El autor observa lo siguiente: “Tres fraudes electorales, la sujeción de los poderes Legislativo y Judicial a la tiranía del Ejecutivo, la infinita corrupción de los políticos, el control sobre la mayor parte los medios de comunicación (televisión, periódicos, radio) y la complicidad de la clase política con el capital nacional y transnacional, hacen ver a la voluntad ciudadana como un espejismo. La segunda opción, el derrocamiento del gobierno por medio de la vía armada, que está en las mentes y labios de cada vez más mexicanos, no sólo es un camino inviable y descabellado, sino una invitación al retroceso en una época donde la información, el conocimiento, la organización y la conciencia se ven facilitados por los medios masivos de comunicación y por la educación...Queda una tercera vía, que cada vez más mexicanos adoptan y practican por todos los rincones del país: la deso­bediencia civil. La creatividad de los ciudadanos no parece tener límites. En su versión completa, profunda y radical, este camino desemboca en la creación de territorios liberados, espacios que no se oponen al sistema de manera frontal, sus valores, prácticas y visiones del mundo, sino que simplemente les dan la espalda, para mantener o construir en el aquí y el ahora una sociedad diferente, no importa que ese acto de creación y construcción se realice en pequeños territorios de escala local, municipal o micro-regional”( Vid. La Jornada , 7 de enero de 2014).

Todo parece indicar que, en efecto, dichos territorios son una invención sumamente creativa del “México Profundo” al que aludía el antropólogo Guillermo Bonfil.  Tal experiencia surgió de la necesidad de dichas comunidades de organizarse para enfrentar la violencia –estatal y extraestatal—que sufrían desde hace varios años, empero poco a poco comienza a perfilarse un proyecto más ambicioso, complejo y original :  esto es, se está generando un proyecto encaminado a salvaguardar a la sociedad en todos los órdenes, sobre todo el económico, político y cultural.  Lo interesante del caso es que se trata de comunidades que rechazan la violencia, pero que están conscientes de que no les queda otro camino que defenderse de las agresiones, ora de los narcotraficantes, ora de los militares, ora de los caciques, por lo cual han logrado armarse, aunque con medios muy rudimentarios.  Asimismo, se han percatado de la necesidad de defender su entorno ecológico frente a la expoliación que emprenden las empresas trasnacionales y nacionales.

De cristalizar dicha experiencia nos encontraríamos, ciertamente –como subraya Víctor M. Toledo—frente a una “tercera vía” para enfrentar al proyecto neoliberal,  mismo que amenaza con socavar los cimientos de nuestra sociedad, en particular las comunidades marginales.

Hasta el momento  da la impresión de que la experiencia multicitada ha tomado por sorpresa a todo mundo, comenzando por las instancias de seguridad del país.  Ayer, el titular de la Comisión Nacional de Seguridad, Manuel Mondragón, aseguró –no sin cierto tono amenazante—que “el gobierno federal tiene ubicados a todos los grupos que se mueven en México con distintos intereses (sic)”.  Entre las organizaciones aludidas destacan la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG), y la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias” (CRAC).

Frente a las insinuaciones de que son proclives a la violencia, los líderes de los territorios liberados no han dejado de argüir que no pretenden socavar la estabilidad del régimen:  simple y sencillamente se esfuerzan por defender su derecho a la autodeterminación. Ayer el padre Mario Campos, en entrevista celebrada en Ayutla de los Libres, subrayó que sostienen diferencias muy profundas con grupos guerrilleros como el EPR y el ERPI.

Nos encontramos, en síntesis, ante un fenómeno social que puede contribuir de manera fundamental a transformar a fondo la falta de democracia que impera en nuestro país, y a ponerle freno a la voracidad de las empresas nacionales y extranjeras que han hecho su agosto con las reformas privatizadoras del presidente  Enrique Peña Nieto.