_MG_1021Son 20 veladoras puestas al pie del asta bandera. Rodean la cruz improvisada con pancartas de protesta y frente a ella, una treintena de poblanos -entre reporteros, fotógrafos, activistas, mirones y gente realmente convencida- observa en silencio.

Pasadas las 7:15 de la noche, esa parte del Zócalo de Puebla tiene ambiente de funeral, como si se tratara una pequeña extensión del que seguramente, en Veracruz, la familia de Gregorio Jiménez ha realizado.

A falta de cuerpo, la cruz atrae la atención de los presentes; pero resalta que justo al centro, hay un cartel distinto, en tonos rojos, con la leyenda: “Frente a sus balas, nuestras palabras”.

En el resto, mientras tanto, se pueden leer cosas como: “#LosQueremosVivos #NosQueremosVivos #NiUnoMas o “No se mata la verdad matando periodistas”.

Cada una de esas frase es sólo la antesala de lo que vendrá tras un minuto de silencio: reclamos y demandas hacia la autoridad; porque, al final, nadie olvida que el motivo de la reunión es la muerte de quien los organizadores han comenzado a nombrar cariñosamente como “Goyo”.

_MG_1038Las tres intervenciones de la noche exigen consistentemente, que el caso de este periodista –cuyo cuerpo fue encontrado sin vida en una fosa clandestina– no quede sólo como un número más, el décimo del gobierno de Javier Duarte.

Piden que en Veracruz, los periodistas puedan cumplir su trabajo con tranquilidad; porque, aseguran, Gregorio perdió la vida por sus publicaciones, aunque la Procuraduría de su estado afirme otra cosa.

Para Puebla, demandan que cese la violencia política y económica hacia el gremio, y en ambos casos, como dijera el empresario Alejandro Martí: “si no pueden, que renuncien”.

Se abre la oportunidad para que otros tomen la palabra. Ningún reportero se anima; pero una mujer que ha vivido en carne propia lo que es perder a un familiar en un secuestro, sí lo hace.

Su nombre es Teresa Martínez Morales y su hermana, Sara, también fue levantada el 30 de octubre de 2012 en Tezonapa, Veracruz.

image_38Asegura que conoce perfectamente los sentimientos de temor e impotencia, especialmente, porque ninguna autoridad le ha ayudado a encontrarla y ha sido amenazada por investigar por su cuenta.

El caso, dice, ha quedado archivado en la Averiguación Previa 290-12 y para este momento, el dolor se ha convertido en resignación; porque Teresa sólo desea tener a su hermana de vuelta; aunque sea muerta, como pasó con Gregorio.

El silencio vuelve, con un sentimiento de desasosiego; porque en México, los ciudadanos, algunos periodistas, caen poco a poco a manos de la delincuencia, sin que haya algo que lo evite.