Nota del Editor: El siguiente artículo fue escrito por el doctor Héctor Cerezo Huerta. Actualmente se desempeña como director del Departamento de Psicología y Formación Ética del Tecnológico de Monterrey en Puebla.
Es doctor en Psicología Educativa y del Desarrollo por la UNAM, con maestría en Educación con Especialidad en Desarrollo Cognitivo por el Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad Juárez. Ha sido capacitador y consultor educativo independiente para diversas empresas e instituciones.

01EscSecConstitucioìn1917SnRamoìn06El fenómeno denominado bullying o acoso escolar se comprende como el uso repetido y deliberado de agresiones verbales, psicológicas o físicas para lastimar y dominar a otro niño, sin que hayan sido precedidas de provocación y en el conocimiento de que la víctima carece de posibilidades de defenderse.

La inclusión del papel de los profesores, el clima de violencia que vivimos en el país, las relaciones de poder y la importancia de la toma de decisiones inteligentes por parte de diversos organismos institucionales; particularmente la SEP nos permitirá entender e intervenir de formas creativas ante el bullying evitando victimizaciones o posiciones rescatadoras o persecutoras de los involucrados.

A pesar de que hemos observado que el acoso escolar es ya una causa significativa de morbilidad y mortalidad en el país, sólo hasta hace unos meses se ha visualizado como un problema de salud pública.

Numerosas investigaciones han confirmado que las consecuencias del bullying para la salud general de los individuos son devastadoras y que guardan relación directa en el caso de los agresores con una mayor prevalencia de trastornos de personalidad antisocial, uso y abuso de sustancias, deserción escolar, violencia intrafamiliar, conducta delictiva, portación de armas, trastorno de déficit de atención, conducta oposicionista y trastornos ansioso-depresivos.

En el caso de las víctimas es frecuente problemas psicosomáticos, baja autoestima, depresión, conductas suicidas, estrés postraumático, abandono escolar, embarazo adolescente e incluso una alta prevalencia de hospitalizaciones psiquiátricas.

El escenario no es alentador, pues estimamos que de no atenderse multidisciplinariamente; el bullying podría duplicarse en los próximos cinco años y además, creemos que como otras formas de violencia lo que estamos observando en las escuelas no es más que la “punta del iceberg”; ya que se aprecian formas de acoso en su variedad más directa y agresiva, pero de las formas más discretas y simbólicas como las verbales, psicológicas y relacionales no tenemos  información suficiente de su gravedad.

Desde nuestra experiencia educativa, es inadecuada la medida de amagar a los profesores con responsabilizarlos sólo a ellos si ocurre un acto violento en sus aulas, pues se asocia a una sobre-responsabilización de la función docente y resulta que combatimos el acoso escolar en acoso institucional.

IMM-bullying_0216En tiempos donde el bombardeo propagandístico y la estrategia mediática de los mass media en México han convertido a los maestros en los villanos de moda, la gran mayoría de educadores parecen haber desarrollado una amnesia selectiva, pues «olvidan» las responsabilidades de un régimen político, ideológico y socio-económico que ha bloqueado, violentado, abusado y reprimido por décadas, el acceso a un sistema educativo y formativo de calidad a millones de estudiantes y profesores.

La incapacidad o plena incompetencia al actuar frente al bullying de tales “villanos”, acentúan de modo explícito la necesidad de formar al profesor y de vincular el aprendizaje a sus dimensiones contextuales en la vida real.

La respuesta radica en formar a los docentes en las dimensiones éticas, ciudadanas, en constituirse como gestores, asesores y mentores que resuelvan e intervengan creativamente en la resolución de conflictos cotidianos en las escuelas y las conviertan en experiencias retadoras de aprendizaje.

Así también, los profesores deben comprender que formación disciplinaria no equivale a formación pedagógica y que tampoco entrenamiento didáctico garantiza la formación ética y ciudadana; dimensión donde se inserta la posibilidad de educar para la paz.

Es decir, pueden ser excelentes profesionales y representantes de su disciplina, pero quizás este aspecto no garantice saber enseñarla y menos aún tener idea alguna de cómo promover comportamientos sanos, éticos y morales como el respeto al otro, la justicia, la empatía, la sensibilidad y la tolerancia a la diversidad. En breve, desde nuestra institución estaremos en posibilidades de formar profesores en este rubro.