Bastaron cuatro meses para que el circo Romané fuera a la quiebra. Mario Juárez Villalva, un hombre que a primera vista luce como un individuo de clase media, era el dueño y sostiene que la causa de su fracaso empresarial fueron supuestos activistas que exigían espectáculos sin animales dentro de su carpa.

Entrevistado por Poblanerías en línea, relata que abrió el circo hace dos años, con una primera función en San Miguel Canoa; porque su esposa es parte de la cuarta generación de una familia dedicada totalmente a las artes circenses.

Recuerda que pese a ya contar con un negocio propio, se aventuró a ir por las colonias y juntas auxiliares de la Angelópolis, con un espectáculo por el que cobraba entradas de 20 pesos.

Asegura que ello le daba lo suficiente para obtener ganancias entre 12 y 15 mil pesos semanales. Lo suficiente  para mantener las instalaciones del circo, un papión, cuatro llamas, un poni, dos caballos percherones, un burrito enano y dos familias peruanas que ofrecían parte del show.

Sin embargo, menciona que las cosas comenzaron a cambiar cuando empezó la campaña mediática para exigir los llamados “circos sin animales”.

Mario Juárez cuenta que a partir de ese momento, su circo comenzó a experimentar lo que cataloga como hostigamiento.

Declara que las llamadas de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) eran constantes y las revisiones (aun cuando refiere que ya se habían realizado las inspecciones anuales marcadas por la ley), su consecuencia.

Afirma que las denuncias se hacían por cualquier motivo, incluso por comportamientos o cambios naturales en los animales, producto de su periodo de reproducción.

La situación aumentó de tono progresivamente, al grado que –señala– los activistas se manifestaban y enjaulaban frente a su circo antes de cada función e insultaban a la gente cuando estaban por entrar al espectáculo.

Sostiene que nunca los intentó quitar o llamar a la policía, pese a que en los momentos más álgidos, al menos uno de los manifestantes se separaba del grupo principal para correr la voz entre los espectadores de que las entradas se habían terminado y que no tenía caso llegar al circo.

Dice que paulatinamente, sus ingresos bajaron hasta quedar en mil 500 pesos mensuales. Afirma que trató de mantener el circo abierto con los ingresos de su otro negocio; pero ante la falta de espectadores, sostiene que tampoco resultó suficiente.

Mario Juárez Villalva menciona que las familias que trabajaban con él, están desempleadas desde hace cuatro meses y los animales, mientras tanto, se encuentran en un rancho de su propiedad.

Confía en que aún pueda mantener a los ejemplares; pero reconoce que si la crisis se acentúa, no sabrá qué hacer con ellos, pues incluso considera inviable enviarlos a zoológicos como Africam Safari, donde –expone– hay sobrepoblación de algunas especies.

Por último, Juárez Villava se pronuncia por generar conciencia entre la población para el cuidado de los animales; pero opina que se debe encausar el activismo para no llevarlo al extremo.

Escucha la entrevista completa con Mario Juárez Villalva