Una nueva etapa vive el PRI de Puebla. Ha resurgido de sus cenizas. Sin cambios en el discurso, sin modificaciones en el lenguaje corporal colectivo, sin permutas en los personajes; los hombres y mujeres, los viejos de la comarca, regresaron a ser los figurones.

Nueva etapa, sí. El mismo PRI.

Nada desconocido.

Las mismas reglas.

Si alguien pensó que Ana Isabel Allende Cano, Víctor Gabriel Chedraui, José Chedraui Budib, Mónica Barrientos Sánchez, serían las figuras de lo atestiguado por cuatro mil priistas en el CCU-BUAP, se equivocó.

Las señales son claras: Mario Marín Torres confirma su regreso. Él es el héroe. Es el símbolo y fortaleza de un PRI que regresa por sus fueros. Ni Melquiades Morales, ni Guillermo Jiménez Morales. Mario Marín, ¡sí señor!

Alfredo Arango está de vuelta y sostiene que su falta ha sido lavada; se paseó, con la frente en alto por el Complejo Universitario. Sin más: “Vida, nada te debo, vida, estamos en paz”.

Enrique Agüera, sale del ostracismo voluntario; modificado, rejuvenecido. Sabedor de que cuenta con las exigencias del “nuevo” PRI, que son las mismas de siempre. Viene dispuesto al retorno, a ocupar posiciones que le fueron negadas y a cobrar afrentas que lo sujetaron de las gónadas.

Javier Casique Zárate está luchando por una curul en su Puebla querida. No está de regreso; dicen quienes lo conocen y tienen tratos con él, que nunca se fue. Que aquí sigue, intenso como siempre. Vendiendo su relación con César Camacho e Ivonne Ortega. La misma que no le sirvió para ser candidato en el 2015 por el Sexto Distrito y está pujando por el Noveno. Luego les contaré.

¿Caras nuevas?

¿Otro perfil?

¿Códigos distintos?

No hay duda: Más de lo mismo.

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