Desde luego que el presidente Enrique Peña Nieto no es cómplice directo del secuestro y, muy probablemente, asesinato de los 43 normalistas de Ayotzinapa, debido a que no hay un solo elemento que apunte a que él o alguien de su administración tuvo relación alguna con la barbarie que ha exhibido a nivel internacional a México, otra vez, como un país sin justicia ni derechos humanos.

En consecuencia, tal vez sea excesivo pedir que Peña Nieto deje la Presidencia de la República por el caso Ayotzinapa, ya que –finalmente– para algo deben servir las elecciones y en el 2012, al “haiga sido como haiga sido”, él juntó más votos que sus adversarios, aunque lo haya hecho de manera irregular por violar los topes de campaña y el apoyo inmoral de Televisa, Soriana, Monex, Felipe Calderón, etc.

Aclaro que en el 2012 NO voté por Peña Nieto y que, aunque su nombre o el del alguien de su grupo volviera a estar en las boletas, tampoco sufragaría por él o su gente. Sin embargo, desde mi humilde opinión, pedir que Peña Nieto “renuncie” a la Presidencia de la República me parece un grave desatino.

Primero, porque legalmente los puestos de elección no son renunciables y, segundo, debido a que, insisto, una mayoría de mexicanos que en el 2012 fue a las urnas lo privilegió a él sobre Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez. Y aunque millones de ciudadanos se hayan arrepentido de haber vuelto a confiar en Peña Nieto y el PRI, la realidad es que en un país que aspira a la democracia el voto debe respetarse.

¿De veras no lo conocían?

No obstante, desde luego que Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong y Jesús Murillo Karam han incurrido en graves errores, omisiones e insensibilidad ante el caso Ayotzinaba y, quizás, la más grave fue el no saber o no prevenir ante el hecho de que el ex edil de Iguala, José Luis Abarca Velázquez, era un “pájaro de cuenta” mucho antes de Ayotzinapa.

Como lo detallé en mi columna del martes 21 de octubre pasado, desde el 2013 se sabía que José Luis Abarca había sido acusado de asesinato y cometía un nepotismo cínico en su ayuntamiento, además de que se presume que falsificó su “título” universitario de abogado.

Por si fuera poco, desde el 2006 tuvo problemas legales graves, como lo demostró el hecho de que, antes de Ayotzinapa, ya se había amparado en 3 ocasiones contra la PGR.

Estos antecedentes legales y su actuar como presidente municipal tenían que haber prendido las luces amarillas en Los Pinos, Gobernación federal y PGR, para que sus servicios de espionaje le dieran especial seguimiento al actuar de José Luis Abarca Velázquez y a su esposa, María de los Ángeles Pineda, pero fueron omisos, ineficientes y no lo hicieron.

Graves fallas de Peña Nieto y Cía.

La más grave falla de Peña Nieto es su falta de sensibilidad, para dejar el país e ir a China y Australia mientras su administración padece la más grave crisis política y social que ha enfrentado, aunque apenas lleva 2 años de administración. El presidente quiere escenarios internacionales, para enfrentar el desplome de su imagen en el mundo.

Pero es un gravísimo yerro de Peña Nieto el seguir privilegiando los reflectores e intereses internacionales, en lugar de quedarse a enfrentar el caso Ayotzinapa. Demuestra que es un presidente insensible, frío y omiso ante el dolor e indignación de millones de mexicanos por lo ocurrido.

Además, el Ejecutivo federal y sus asesores se equivocaron al forzar la salida del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, ya que pensaron que, con esta medida, la indignación masiva se acabaría y no lo alcanzaría a él. Sin embargo, depuesto el guerrerense, Peña Nieto se quedó sin culpables a quién defenestrar públicamente y la ciudadanía volteó sus ojos hacia él y su pésima administración, que no ha hecho casi nada positivo para los mexicanos.

El presidente no calculó que la licencia de Aguirre Rivero se voltearía en su contra y que la gente –inconforme y desilusionada por su pésimo gobierno- comenzaría a exigir su salida de Los Pinos. La realidad es que, casi desde que inició su gestión, Peña Nieto ha generado mucha más crítica y enojo social que apoyo, ya que aumentó impuestos, quitó derechos laborales a los trabajadores, privatizó Pemex, dejó a los maestros sin prestaciones y se le cayó la economía.

Por si fuera poco, a más de un mes de la masacre de Ayotzinapa (26 de septiembre), la PGR de Murillo Karam ya se declara cansada del caso y es incapaz de darle un cierre digno al caso, que consistiría en encontrar a los normalistas y presentar a los culpables materiales e intelectuales ante la opinión pública.

Hasta ahora, la dependencia da “palos de ciego” y, la verdad, no se ve para cuándo pueda darle a la tragedia un cierre, que dé tranquilidad a las familias de los normalistas secuestrados y, sobre todo, que le permite a Peña Nieto y a sus colaboradores recuperar –al menos en algún porcentaje– la credibilidad y confianza de millones de mexicanos.

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POB/GACC