Esta es la verdad histórica, afirmó seguro, para no dejar lugar a dudas, Jesús Murillo Karam, procurador de la República, al presentar los resultados de la investigación sobre los 43 estudiantes desaparecidos de la normal de Ayotzinapa.

Los estudiantes fueron detenidos, trasladados, asesinados, quemados y arrojados al río. Cada grupo que ejecutó una acción no conocía, ni sabía sobre el destino final de los jóvenes. El Ejército no tuvo nada que ver.

“Esta es la verdad histórica de los hechos, basada en las pruebas aportadas por la ciencia, como se muestra en el expediente…”.

Esos son los resultados que se dan a conocer cuatro meses después.

Tuvieron que pasar 120 días.

La verdad histórica.

La historia la escriben quienes tienen el poder; el pasado es patrimonio de la sociedad. Las versiones que del pasado se deriven son a conveniencia para resguardar a los poderes actuales, presentes; dependiendo de la época que refieran.

Napoleón dijo: la historia es una serie de mentiras acordadas.

Hay tantas verdades como personas o grupos sociales; una es la que impera: la del poder.

Si quieren aprender historia no hurguen en los libros, son producto del poder en turno. Hay otras fuentes. La tradición oral y la novela histórica, son dos más confiables; las versiones escritas que conocemos sobre el pasado, corresponden a intereses en turno.

El párrafo anterior corresponde a una afirmación hecha en el salón de clases, de Don Luis González y González; el mismo que dio un giro notable y trascendente a la manera de escribir la historia desde mediados del siglo XX. El fundador de El Colegio de Michoacán.

Mi maestro.

Una más; al “ya me cansé” se suma la “verdad histórica”.

¿Por qué no son creíbles?

Es cuánto.

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