calorEl letrero de “no bañarse” que las autoridades colocaron hoy en una de las fuentes de Plaza de Mayo fue inútil ante la ansiedad de los porteños por escapar a toda costa del calor agobiante.

“No se soporta más”, contó un joven que, al mediodía en punto, sin importar que fuera recién el inicio de la semana laboral, se sacó pantalón y camisa y transformó junto con otros tres amigos la fuente en su piscina particular, por un rato.

El termómetro ya marcaba los 38.5 grados de “sensación térmica”, esa curiosa medida que tienen los argentinos y que varía la temperatura real de acuerdo con otros factores, como la humedad.

Esto significa que una es la temperatura que hay en el ambiente y otra la que se siente, aunque este lunes no difirió mucho, porque el Servicio Meteorológico Nacional marcó oficialmente 35 grados.

Más allá de las quejas de los capitalinos, el calor que alcanza dimensiones de irrealidad se dejó sentir en el norte del país, en donde rozó los 48 grados centígrados.

Por eso es que las autoridades mantienen una alerta amarilla ante la posibilidad de una insolación o deshidratación, además de que hicieron un llamado a tener especial cuidado con los bebés y ancianos, que suelen sufrir más los efectos de las altas temperaturas.

También por eso es que muchas de las calles de la ciudad, sobre todo en las que el sol daba de manera directa, se vieron desoladas aun en pleno centro, la zona financiera que tradicionalmente está colmada de gente.

Aunque el gobierno de Buenos Aires subrayó la importancia de usar ropa liviana, la verdad es que nada servía para apaciguar el impacto de sol en mujeres que portaban diminutos shorts o que de plano se ponían en bikini en las plazas.

El ministro de Salud de esta ciudad, Alejandro Collia, aprovechó la jornada para recordar que el llamado “golpe de calor” es la consecuencia más grave de la exposición prolongada a las altas temperaturas, por lo que todos deberían prevenirlo hasta que baje el termómetro.

 

POB/IIAL