En este último año he platicado muchas veces con compañeros de la edad, algunos más chicos y algunos otros más grandes diferencias entre cuatro, seis años. La mayoría de estas personas que se han cruzado en mi camino y algunos más que siguen permaneciendo, hemos hablado de las cosas que están aconteciendo en el Estado, estamos en la mayoría algunos desempleados (ya más que acostumbrados a la escasez de trabajo), otros que van perdiendo su trabajo poco a poco, otros que ni si quiera tienen ganas de buscar trabajo y ejercer lo que estudiaron y algunos otros más que de plano ni quieren hacer nada por buscar un trabajo que sea de oficina, en esencia y en conclusión persiste una gran ola de depresión en generaciones más grandes, en la mía y en las que vienen.

Entre estas pláticas que hemos tenido en conjunto, existe una gran preocupación por los sucesos que se vienen, ya no es solo violencia, ya no es solo problemas de casa, ya no son solo problemas de edad, ya no solo son problemas de que no hay trabajo, ya no hay solo problemas de economía, ni de población, ni de educación, en realidad es que los problemas están existiendo aún más de lo que se venía presenciando desde hace un tiempo, una guerra, algo que muchos nos cuesta trabajo aceptar y que desconocemos la idea de que en realidad pueda existir una, pero es que estamos entrando en ella.

Mundialmente estamos en un proceso de renovación, transformación, en pocas palabras y como se le suele llamar utilizando términos sociales una “revolución” o en su debido caso “guerra”.

Estos momentos históricos han sido transmitidos a nosotros a través de ciertos medios de comunicación entre ellos; la escritura, el cine, el arte, la música, documentales, etc. vaya en un gran número de lenguajes en el que estamos acostumbrados los humanos a comunicarnos con los demás.

Estas imágenes y realidades pasadas reflejaron la realidad de los hechos trágicos de cómo se vivió en tiempos de crisis y de guerras. Ahora que estamos en este presente inmediato, vivimos una cotidianidad de estrés, de agobio, de enojo, de ira, de tristeza, una catástrofe de la cual estamos entrando poco a poco, lento pero seguro a un gran estallido social, económico, político, cultural y religioso.

En este tiempo que todo está pasando y nada a la vez, nos estanca en una era depresiva, en una era en la que muchos se ciegan en no querer conocer la realidad, en particular, cuando platico de estos temas que nos deberían de importar con mi familia, algunos de ellos siempre mejor prefieren guardar silencio u otros prefieren omitir mi platica y solo decir, “todo está bien no pasa nada” a lo que a mí me lleva a preguntarme, ¿los medios de comunicación de verdad informan o solo nos espantan?

En verdad no sé qué tanto creer lo que nos informan, pero lo que sí creo, es que los hechos son reales y que las cosas están que arden.  Estamos viviendo en un Estado autoritario, vivimos en una era en la que existe totalmente el desaliento, vivimos en una era a la que muy pocos les importa lo que pasa en nuestra nación y en el mundo.

Sé que es un discurso al que muchos no les importan, porque no podemos cambiar el mundo, pero ¿qué hacemos para cambiar nosotros y para cambiar nuestro entorno? Acaso solo es que nadie se preocupa por nadie, porque estamos solo encerrados en nuestra propia burbuja viendo solo por uno mismo, por protección.

Lo único que me queda claro, es que hay muchos que se quejan y no hacen nada, hay muchos que solo hablan por hablar sin proponer, algunos otros que solo les interesa su propio bienestar, algunos otros que no les importa lo que pasa porque se ha vuelto tan cotidiano que ya no importa.

Pero ¿estamos preparados para una guerra? ¿Estamos preparados para una revolución? ¿Estamos preparados para todo lo que se avecina? Insisto hemos leído, hemos visto cine, hemos visto fotos, hemos visto discursos de cómo las crisis han empeorado o mejorado al país, pero ¿acaso lo hemos vivido?

Esta es una de las situaciones, este presente nos está quitando poco a poco las vendas de los ojos y empezamos a ver aquello que siempre estuvo pero que no queríamos saber ni darnos cuenta, una lucha. La lucha que va a unir fuerza ciudadana, en la que todo progreso debe ser no sólo social, económico, político estos sucesos nunca acaban, pero si podemos empezar a cambiar nuestros actos humanos, ayudarnos y ser conscientes de lo que necesitan los demás. Prepararnos para disminuir la depresión que invade a muchos niños, jóvenes y adultos. Darnos cuenta de que vida solo hay una, de que debemos vivir esa felicidad que se nos está arrebatando por el sistema en el que estamos viviendo, darnos cuenta de que el dinero no es para siempre y que no le pertenece a nadie, y ver que cuando uno se muere no se lleva nada material, sino todas las experiencias que realizaste.

Por ello ayudar a concientizar a la sociedad de que aún el hombre puede ser bondadoso y cito lo siguiente: para Rousseau, “el principio inmediato de la conciencia, independiente de la misma razón, es un instinto moral, llamado también “instinto divino” y pensado como un “instinto natural”.

Para este instinto, la práctica y no la creencia, es el camino a través del cual “el amor a uno mismo” encuentra su cumplimiento en la felicidad, si es que alguna vez el hombre “entra en sí mismo”; en él sobrevive la “bondad natural” de los hombres a la que la sociabilidad altera porque “el mal es exterior, es la pasión del exterior”.

 

POB/GACC