Es peligroso tener razón cuando
el gobierno está equivocado
Voltaire

Empezaba el gobierno morenovallista cuando Marcelo García Almaguer dijo al que esto escribe, que José Juan Espinosa Torres era un “guerrillero político”.

En esos entonces Marcelo funcionaba como si fuese el espejo de Casa Puebla: reflejaba con fidelidad de luna francesa, el pensamiento y sentir del mandatario. Incluso, de motu proprio o por órdenes de su paradigma, en varias ocasiones quiso poner a la prensa en contra de José Juan.

A pesar de que marchó a contrapelo en el andamiaje de la política estatal, Espinosa pudo llegar al Congreso Local para desde su curul denunciar los actos del poder que, según él, afectaban al pueblo.

Se convirtió así en la piedra del zapato Prada del mandatario estatal, circunstancia que indujo a otros de los “espejitos” de Casa Puebla a intentar conquistarlo prodigándole desde sonrisas amables y seductoras, hasta mensajes visuales, digamos que pizpiretos. Pero José Juan —que por cierto había colaborado en la Secretaría de Finanzas y Desarrollo Social cuando Rafael era el titular— no cayó en la trampa y se fue por la libre.

Antes de cumplirse el tercer año de la administración rafaeliana, Fernando Manzanilla Prieto (a la sazón titular de la Secretaría General de Gobierno) declinó la postulación a la candidatura al distrito que incluye el municipio de Cholula.

Lo hizo porque José Juan Espinosa, militante de otro partido, se había registrado con la intención de obtener la presidencia municipal que finalmente ganó. Sabedor de la popularidad de Espinosa, Fernando —que en aquellos días era el secretario más influyente— prefirió buscar la diputación plurinominal, cargo que finalmente obtuvo; empero, ante la actitud de Rafael decidió no ocuparlo a pesar de que con ello beneficiaría a Eukid Castañón.

Supongo que ya no aguantaba al cuñado que lo miraba feo, igual como veía a José Juan. Y aunque justificó su decisión con el argumento de que buscaba la felicidad, la verdad es que fue agobiado por los arranques pantagruélicos del hermano de su esposa.

Por esos arrebatos cuyo eco debe estar rebotando en los muros de Casa Puebla, mismos que Germán List Arzubide hubiese convertido en anti poesía estridente, varios alcaldes (los valientes) decidieron sacudirse el control político del mandatario.

No quiero emular a Tony Gali —dijo alguno de ellos— en eso de doblar la cerviz y soportar los regaños y las órdenes de quien se siente el dueño de Puebla y no se mide cuando de ofender se trata. Nos ve como indios con taparrabos”. Uno de esos rebeldes o, como lo catalogó Marcelo, “guerrillero político”, fue y es José Juan Espinosa, precisamente.

¡Ay Cholula no te rajes!

Cuando entrevisté al doctor Alfredo Toxqui Fernández de Lara, me dijo frases que lo mostraron arrepentido por haber aceptado la invitación de Manuel Bartlett para que fuera alcalde de Cholula. Rememoro:

He sido dirigente político, senador de la República y gobernador de Puebla —dijo el doctor— y nunca imaginé lo complicado que sería encabezar el ayuntamiento de mi pueblo. Si tiene sus dificultades ser titular del poder Ejecutivo, son mayores las que presenta el ayuntamiento».

Con su culto estilo y la prudencia que le caracterizaba, Toxqui describió algunas de las absurdas peticiones y de los airados reclamos de la gente que para hacerse escuchar atiborraba la antesala.

La forja política de don Alfredo fue la cholulteca, razón por la cual sus paisanos lo respetaban y nunca dejaron de pedirle que resolviera lo que parecía imposible. Por ejemplo: acabar con el control de los grupos entonces manejados por los caciques de la región.

José Juan igual se templó en la brega social de la única ciudad prehispánica viva y habitada con una ventaja: observar el trabajo político de los buenos y los malos gobernantes.

Por su edad está en las antípodas del doctor y ex gobernador, sin embargo, desde el punto de vista político ha logrado establecer una conveniente sinergia con los ciudadanos de su municipio, intercambio que podría concretarse en la solidaridad de los gobernados, sobre todo los inconformes con los dictados del gobernador Rafael Moreno Valle o, para especificar, con las expropiaciones fast track, la privatización y encarecimiento del agua potable, los recortes presupuestales, las obras anti culturales, las acciones en contra de las tradiciones, el esquema de verificación y lo que está por venir que, desde luego, no será cruento como lo que hizo Hernán Cortés (el conquistador que por poco y acaba con la espiritualidad cholulteca, nada más mató a cinco mil de sus sacerdotes), pero eso sí, igual de vergonzoso.

La polarización

En su más reciente rueda de prensa, el presidente municipal de Cholula abrió sus cartas para mostrárselas a la sociedad. Denunció el acoso del gobernador, presión consistente en enviarle auditorías y revisiones.

Dijo que es vergonzante y poco democrático que el gobierno del estado utilice todo su poder para presionar a un ayuntamiento, en lugar de utilizarlo para servir a todos los poblanos. E hizo un llamado a las fuerzas políticas de Puebla y del país para defender al estado de derecho y a las instituciones.

Ahora me valgo de esos antecedentes para concluir que la actitud de Moreno Valle ante distintas denuncias en contra de su gobierno e incluso de él mismo, José Juan Espinosa podría salir ganando si acaso la maquinaria morenovallista no lo aplasta.

Antes del final feliz o infeliz, veamos, algo de lo que podría ocurrir:

  • Se agudizarán las críticas contra Espinosa Torres, ataques a cargo de los eficaces y eficientes amanuenses del mandatario.
  • Quizás decidan adoptarlo los grupos sociales que luchan contra los dictados del gobernador, los de Cholula y los de la entidad. José Juan parece ser la voz aliada que andaban buscando, misma que no podrá ser silenciada siempre y cuando el gobernante abandone el uso del poder tal y como lo definen las organizaciones sociales afectadas, las mismas que le endilgaron el epíteto de dictador.
  • La prensa nacional lo seguirá observando con la intención de replicar sus quejas y denuncias hasta encontrar otra causa que permita abundar en las críticas que han dañado la imagen pública de Rafael Moreno Valle.

Mientras son peras o manzanas y el futuro de José Juan Espinosa Torres se aclara, debo reconocer que éste logró quitarse el sambenito de “guerrillero político para enarbolar la bandera política de la mayoría de los poblanos, circunstancia que lo ubica en el umbral del espacio donde se encuentra la oportunidad que anhelan muchos de sus pares.

*Imagine a Rafael como el campeón mundial de peso completo enfrentándose al campeón de peso pluma de los guates de oro del Barrio de Jesús, allá en Cholula. Si el primero noquea al segundo el respetable lo abucheará por abusivo, mañoso y cabrón. Pero si el segundo le alcanza a dar una cachetada, el pueblo lo festejará y aplaudirá con entusiasmo solidario. De una u otra forma perdería Rafael.

Qué necesidad, diría Juan Gabriel.

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