“Malísima” fue la opinión de Mario Vargas Llosa, escritor peruano y Premio Nobel de Literatura 2010, sobre la entrevista de Sean Penn, actor estadunidense, a Joaquín “El Chapo Guzmán”.

En su columna Piedra de Toque, para  el periódico El País, Vargas Llosa tituló su material como “Circo y periodismo”.

La entrevista, que apareció en la revista Rolling Stone, es malísima, una exhibición de egolatría desenfrenada y payasa y, para colmo, desbordante de simpatía y comprensión hacia el multimillonario y despiadado criminal al que se le atribuyen cerca de tres mil muertes además de incontables desafueros, entre ellos gran número de violaciones.

Penn es muy buen actor “y tiene fama de progresista, término que, tratándose de gente de Hollywood, suele significar una debilidad irresistible por los dictadores y tiranuelos tercermundistas”.

Vargas Llosa explica que en el caso del actor estadunidense “se entiende por la extraordinaria frivolidad que contamina la vida política de nuestro tiempo, en el que las imágenes han reemplazado a las ideas y la publicidad determina los valores y desvalores que mueven a grandes sectores ciudadanos”.

La relación de Oliver Stone con Fidel Castro o del mismo Penn con Hugo Chávez, fueron recordadas en la columna.

Los progresistas de Hollywood defienden también a delincuentes comunes y asesinos en serie, como el Chapo Guzmán, pobre hombre que, según Penn, llegó al delito porque era la única manera de sobrevivir en un mundo atrofiado por la injusticia y los oligarcas”.

Vargas Llosa escribió que los motivos por los que Penn no preguntó nada incómodo al narcotraficante mexicano “nosotros los sabemos de sobra”.


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Fue a entrevistarlo con las respuestas del asesino ya fabricadas por su propia frivolidad o cinismo: presentarlo como la víctima de un sistema”.

 

POB/BDH