Esta es la primera, de varias entregas que se publicarán este mes, donde contaré algunas de las experiencias más destacadas o memorables que hemos tenido el equipo de Poblanerías. Buenas o malas, pero que siempre han dejado un aprendizaje profundo.

El primer artículo al respecto, debería corresponder a los primeros pasos de Poblanerías, cómo se creó, cómo se desarrolló y quiénes participaron. Por ahí circulan algunas hipótesis, teorías y leyendas urbanas al respecto.

Sin embargo la dejaré de lado el origen, en estas líneas contaré la primera cobertura pesada, fuera del municipio de Puebla, que hizo esta empresa.

Como bien saben varios, esta es una empresa familiar (aunque no solo hay lazos consanguíneos que trabajan aquí, sino porque nos gusta pensar en nosotros no como "trabajadores", sino como familia) y la primera vez que se "salimos" a cubrir algo, fuimos padre e hijo, es decir, Luis Enrique Sánchez Fernández y un servidor. Fuimos a Eloxochitlán, Puebla.

Le cae cerro a autobús

Era julio de 2007. Un autobús que iba de sobre la  carretera interestatal Tlacotepec de Porfirio Díaz-Tehuacán, quedó sepultado, bajo toneladas de tierra y rocas que se habían desgajado de un cerro y no hubo sobrevivientes. Gobiernos estatal y federal se echaban la culpa, se deslindaban y nadie se hacía responsable. Lo de siempre.

[one_half] Recuerdo que ese día en particular, me había encerrado en casa tratando de hacer un nuevo diseño para la página. Lo supe hasta la noche. No había redes sociales en dónde perder el tiempo a cada rato y parece que el celular no estaba tan de moda.  [/one_half]

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En el periodismo, si esperas a que las información te caiga, estás frito 

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Esto último lo digo porque recuerdo que dos fotógrafos que colaboraban con nosotros se enteraron del evento, pero decidieron mejor esperar mi llamada: "pensamos que nos ibas a llamar, te estábamos esperando". Ahí se arraigó uno de mis primeros aprendizajes: en el periodismo no te puedes quedar esperando a que algo pase, la información no cae sola, hay que ir a buscarla.

En fin, al día siguiente lo comenté con mi papá, me dijo que él también iba, no quedé muy de acuerdo, pero lo acepté. Nos fuimos en su camioneta. Ya me había comunicado con un colega que estaba en el lugar de los hechos, Rafa Durán. Me decía a través del "messenger" que iba para largo todo y que sin problema podía llegar a reportear.

Salimos pues, nos embarcamos en un viaje de 3 horas de carretera. No sabía bien a qué iba, tomé todo lo que pude, no tenía idea de qué iba a encontrar, qué iba a recabar de información o cómo la iba a obtener. Laptop; cámara de fotos con lente largo y corto; cámara de video; grabadora, libretas, plumas, todo.

Durante el viaje analizamos la situación. A 9 años de distancia, puedo decir sin el mayor temor a equivocarme que, ciertamente, no teníamos idea de qué nos ibamos a encontrar.

Llegamos a Eloxochitlán

Todo era nuevo, probablemente esta era una de esas situaciones en las que uno apela al "sentido común", guardar respeto. Había gente que había perdido a familiares, amigos, conocidos. Fuimos bajando por la carretera que solo era de dos carriles y estaba llena de personas, debíamos conducir lento, hasta que ya estaba acordonada la zona.

Estacionamos donde "no estorbábamos", en esos pequeños espacios había retroescabadoras, ambulancias, camionetas del ejército, etc. A pié nos acercamos hasta donde otra cinta amarilla nos lo permitía, mientras un olor a muerte nos sorprendía por su capacidad de penetración en el sentido del olfato. Había decenas de cuerpos en estado de descomposición siendo desenterrados.

[one_half] Había que mantener una cara seria, sin gestos, tratar dentro de lo posible de encajar, pero pasar desapercibido (irónico, lo sé). Algunos colegas tomaban fotografías, otros descansaban. Todo mundo estaba exhausto: de trabajar, de cavar, de mirar, de esperar. [/one_half]

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En una situación desconocida, el sentido común y la empatía, pueden ser grandes aliados.

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¿Qué pasó? Pregunté al primer rescatista que vi de cerca. "Pues se cayó el cerro, algunos alcanzaron a salirse del autobús, pero de todos modos los alcanzó el alud y se murieron", me contestó. Habían algunos testigos del incidente, cuando comenzaron a caer las rocas, algunas personas se salieron del camión que estaba detenido, pero la tierra los alcanzó, siguió cayendo por un tiempo y eso imposibilitó la ayuda inmediata.

Momentos después, salía del cerco, la entonces procuradora de justicia de Puebla,  Blanca Laura Villeda Martínez. La abordamos Proyecto 40 y un servidor. Me dio la impresión de que ellos no la conocían, simplemente vieron a un reportero acercarse y también presionaron "rec".

Ahí es donde confirmé este asunto del gobierno que tiene a minimizar las cosas, de cómo varios medios en general, no confirman, pero sobre todo no dudan de la veracidad de las declaraciones, es decir, la versión oficial es la oficial y con esa se quedan (aquí en la empresa prohibimos esa frase, para Poblanerías, hay versión del gobierno y la real; por aquello de oír todas las voces y dar todas las parte de una noticia).

[one_half]¿Y por qué? La razón es que la procuradora nos dijo (si la memoria no me falla) que solo habían muerto 36 personas, que todos estaban en sus asientos y "bien sentados" como dormidos.  [/one_half]

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Al gobierno le gusta mentir, pero a la gente, le gusta creer.

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La verdad de primera instancia lo dudé, las piezas no se acomodaban para mi, tanto fierro retorcido en la escena, tanta roca, tanta fuerza y "todos en su lugar", me era extraño. Además la versión de los testigos de ver gente bajar corriendo del camión; ella lo desmintió.

Más tarde rescatistas me dijeron que habían encontrado cuerpos dispersos y que ellos calculaban unos 60 cuerpos. Solo había que ser observador, los camilleros sacaban en bolsas blancas de basura pedazos de cuerpos y los depositaban en ataúdes. ¿Por qué meter 2, 3 o 4 bolsas en un solo ataúd, en lugar de un cuerpo si las cosas eran como las describía Blanca Laura Villeda?

Además, ¿36 personas en un autobús que va de la sierra a la ciudad, al amanecer, con gente que se dirige a su trabajo? Creo que ni la Ruta 10, el Metrobus, Loma Bella, la 2000, etc., logran ir tan holgados, aun cuando tienen varias unidades circulando.

Solidaridad entre la desgracia

Un grupo de señoras, iba y venía con cazuelas llenas de comida, solo para regalarla. Arroz, atole, a veces un poco de pollo, era repartido a todo el que se encontrara ahí. Entre la muerte, la tristeza y el trabajo, rescatistas, periodistas, testigos, pobladores, policías y soldados, éramos atendidos por las madres de pueblo, que sabían que para poder funcionar, todos debemos comer bien.