Ignacio Aldama nació el siete mayo de 1769 en San Miguel “El Grande” (ahora conocido como San Miguel de Allende), Guanajuato; se tituló de abogacía en la Ciudad de México, regresando a su pueblo natal no ejerció su profesión para dedicarse a la agricultura y el comercio.

En cuanto a su intervención en el proceso de independencia, por invitación de su hermano, Juan Aldama, ingresó a las juntas de la conspiración de Independencia realizadas en Querétaro, además se encargó de organizar en San Miguel a un grupo de vecinos para tomar las armas o ayudar de cualquier forma a la causa.

Fue el 16 de septiembre de 1810, cuando Ignacio Aldama se enteró de que los planes de conspiración habían sido descubiertos, por lo que se había adelantado el levantamiento en armas, Aldama se encontraba en Aculco, Guanajuato, con su familia y la de su hermano Juan, por lo que regresó de inmediato a San Miguel el Grande.

Ya en San Miguel, Aldama preparó a sus adeptos para recibir a Miguel Hidalgo y sus huestes insurrectas, a su llegada, Hidalgo organizó en la ciudad el primer gobierno insurgente, del que Ignacio Almada fue nombrado presidente del Ayuntamiento, por esa razón el Colegio de Abogados lo borraría de sus listas.

Aldama decidió acompañar a las tropas de Hidalgo hasta la derrota de Puente de Calderón, cuando el ejército de Hidalgo sería derrotado definitivamente por Calleja, posteriormente decidiría ir hacia el norte del país con Ignacio Allende y con el título de embajador de la insurgencia intentó llegar a los Estados Unidos, para conseguir ayuda y armas, pero sería detenido en Bájar y remitido a Monclova, donde fue juzgado y condenado a muerte por fusilamiento.

El 20 de julio de 1811 fue fusilado, siendo el primer insurgente muerto fuera de campaña. Al concluir la guerra de Independencia, en 1821, su nombre fue inscrito en oro en el recinto de la Cámara de Diputados junto al de los principales caudillos.

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