El PRI se encuentra en una de sus peores crisis desde su fundación. Innegable que es la consecuencia, entre otras causas y seguramente la principal, de los errores de la gestión del actual mandatario del País.

De trasladar al ejercicio político partidario, las decisiones de una gestión pública, de un modelo de gobierno, de un proyecto de país que se encuentra rebasado por la realidad. Y de convertir al PRI en una caja ciega y sorda, solo de resonancia, que ahora más que nunca obedece al presidente de la república y a su grupo cercano formado por no más de cuatro personas, pero que representa a un grupo de poder económico y político con fuertes intereses nacionales e internacionales.

Por eso la salida de Manlio Fabio Beltrones. Por eso el peor PRI de la historia. Por eso la reestructura del PRI no pasa solo por el nombramiento del presidente del partido. Por eso el PRI está atomizado, disperso, pulverizado y en una lucha interna, intestina, por el control y manejo de sus siglas.

Y así se manifiesta en las regiones. Por eso la lucha en Puebla por el manejo y control de los restos del partido y el usufructo de las cerca de 500 vacantes que se abrirán en el 2018 con las candidaturas y espacios que habrá que llenar (gubernatura, ayuntamientos, regidurías, diputaciones locales y nacionales, senadurías, además de vacantes que no tienen que ver con puestos de elección popular).

De ahí la inquietud y movimientos, inicio de estrategias de Juan Carlos Lastiri, Enrique Doger, Alejandro Armenta, Jorge Estefan, José Chedraui, Juan Manuel Vega y respectivos adláteres.

Habrá una disputa fuerte y enconada por el control, manejo y diseño de los nuevos rumbos del PRI nacional y de Puebla.

Algunos obtendrán lo buscado, otros negociarán en atención al resultado de la lucha y otros buscarán nuevos rumbos. La disputa interna se ha iniciado.

Todavía, en el futuro cercano, correrá mucha agua bajo el puente.

@luisenriquesf

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