China poblana, símbolo femenino y visionaria de Puebla

Cuenta la leyenda que en 1621 bajó del Galeón de Manila una bella mujer de origen hindú que se llamaba Mirra.

Cuenta la leyenda que en 1621 bajó del Galeón de Manila, una bella mujer de origen hindú que se llamaba Mirra. Había sido capturada por un grupo de portugueses y vendida como esclava.

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Fue traída a las tierras de América desde Manila, Filipinas en un barco pirata. La mujer fue comprada por el capitán Miguel de Souza y su esposa para el servicio de su casa.

A la muerte del capitán Sosa, su esposa, con el objeto de asegurar el porvenir de Mirra, a quien ya había puesto el nombre de Catarina, le propuso que se casara con un sirviente chino de casta, llamado Domingo Suárez.

Catarina se negó para conservar el voto de castidad que hizo con anterioridad; pero finalmente accedió, aconsejada por sus confesores, con la condición de mantener estricta separación de lechos a partir de esa unión se le conoció como China Poblana, pues era la esposa del chino.

fuente-de-la-china-poblana-162896A la muerte de su esposo, la mujer se dedicó a las prácticas religiosas; dependió de la caridad y se le comenzaron a atribuir milagros, pues según ella, dialogaba con Cristo, con los santos, con los ángeles y con el diablo; sus confesores la llamaban la Visionaria de Puebla.

Los jesuitas la nombraron Catarina de San Juan y en su forma de vestir conservó algunos artículos típicos de su tierra natal.

Cuando Catarina de San Juan murió en 1688, fue enterrada con honores fúnebres y sus restos quedaron entre la sacristía y el altar mayor de la Iglesia de la Compañía de Jesús.

Los habitantes de la ciudad de Puebla la empezaron a creer Santa, e incluso se repartieron muchos retratos de ella vestida como Beata.

En 1691, la Santa Inquisición prohibió las falsas devociones y entre ellas la de Catarina de San Juan.

Las Chinas, mestizas mexicanas

Existieron otro tipo de Chinas, según las investigaciones de María del Carmen Vázquez Mantecón, ellas son las mestizas mexicanas que protagonizaron una urbana y peculiar forma de intercambio amoroso que oscila entre la prostitución y el matrimonio.

Su apogeo fue cuando ya existían gobiernos criollos, entre 1840 y 1855; y aún pervive una gran tradición colonial y religiosa.

Estas mujeres empezaron  utilizar como vestimenta el ahora traje nacional, compuesto por: enagua blanca bordada, encima una enagua de castor o seda donde se podían bordar listones o lentejuelas, una camisa fina con chaquira y un rebozo de seda.

En estas chinas mestizas, las “malas” índoles se desarrollaban con facilidad. Tenían muy mala reputación, sobre todo porque en tiempos coloniales se practicaba la doble moral; mientras que en los gobiernos criollos las dignificaron y apoyaron porque iban en contra de esas ideas.

Como adorno del traje la falda empezó a tener picos de color verde, sumándole el dicho francés “andar de picos pardos” (es decir: andar de fiesta con mujeres casquivanas) el imaginario mexicano hizo de las suyas dotando de una nueva mirada a estas mestizas mexicanas.

El traje de China Poblana

Aunque se desconoce el origen de la vestimenta, se sabe que estuvo ligado al que usaron las chinas mestizas.

Las damas usaban este vestido para fiestas campestres y al mismo tiempo lo fueron engalanando. A fines del siglo XIX se empezó a difundir el vestido en estampillas y postales, dándole un carácter más nacional; por otro lado, se dejó de utilizar con la nueva industria textil que surgió en México.

El traje de la china empezó a ser importante en 1919, después de que Anna Pávlova (reconocida bailarina de ballet rusa) bailó un jarabe tapatío en puntas vestida como china poblana.

La exaltación nacional del traje se dio entre 1920 y 1940. En esos años, la mujer que portara el vestido de china estaba se ligaba a la mujer del charro mexicano.

 

POB/LFJ