Xaltepec un mes: los estragos de Earl aún se sienten

A un mes del deslave que provocó la Earl en la Sierra Norte, Poblanerías en línea regresó al lugar para hacer un recorrido en la zona.

En Xaltepec la tierra todavía está blanda. Los caminos aún tienen lodo. La vida de esta pequeña comunidad del municipio de Huauchinango, en la Sierra Norte de Puebla, cambió el 6 de agosto, cuando la tormenta tropical Earl azotó los cerros con toda su fuerza que casi la hace desaparecer.

A un mes del deslave que provocó la muerte de varios de sus habitantes y causó severos daños en la comunidad, Poblanerías en línea regresó al lugar para hacer un recorrido en la zona y observar los avances de rehabilitación y recuperación que se han puesto en marcha.

“Fue algo impresionante, fue algo atípico”, dice Norberto Gómez Santos, presidente auxiliar de Xaltepec al referirse a la lluvia que no cesó por 24 horas durante el primer fin de semana de agosto. En entrevista, comentó que por ahora, “al menos” el miedo por otro deslave ha ido disminuyendo entre los habitantes.

XALTEPEC HUAUCHINANGO PUEBLADijo que desde los primeros días han recibido los apoyos tanto estatal como federal para reconstruir la comunidad. Añadió que las escuelas no tuvieron mayor daño, solo repararán los accesos a dichos inmuebles.

También han detectado que además de las casas, los daños grandes fueron en puentes que unen a otras comunidades, por lo que pedirán la reparación de los mismos.

El presidente auxiliar dijo que 41 familias del lugar serán reubicadas, luego de que sus casas quedaron sepultadas por el alud. Para ello, han buscado, a petición del gobierno federal, predios en la comunidad donde puedan construirse las casas de las personas afectadas.

“Nunca había llovido así de fuerte”, es la frase que repiten los pobladores cada vez que se les pregunta sobre aquel fin de semana. Congregados en la presidencia municipal, donde están instalados módulos del Instituto Nacional Electoral (INE), así como del Registro Civil, los pobladores acuden al lugar para recuperar sus documentos oficiales.

En algunos casos, no contar con dichos documentos, ha dificultado la entrega de la ayuda y los apoyos por parte de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), añadió Norberto Gómez.

Ahí, mientras el sol cae a plomo, hay mayoría de mujeres, niños y ancianos. Sus rostros reflejan incertidumbre, no saben qué es lo que pasará, si la ayuda llegará pero sobre todo, si la vida en aquel pequeño pueblo volverá a ser la misma.

Por la angosta calle pasan camionetas de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, que recorren la zona. Ver personal de delegaciones federales ya es cotidiano para los habitantes.

La época de lluvias no da tregua, pues aún sigue lloviendo, aunque no con la misma intensidad. En los caminos de Xaltepec no se distingue donde inicia el cerro, pues se habita sobre él.

Xaltepec está en medio de los cerros y colinda con la presa de Tenango, famosa por ser la locación de la película “Tizoc” protagonizada por María Félix y Pedro Infante. Xaltepec es un verde paisaje de caminos empedrados y veredas que conducen de las casas a la parroquia, a la presidencia auxiliar y la tiendita de la esquina.

Ahí, el 90% de los 2,700 que habitan son indígenas.



“Ya nos chingamos, nos vamos a morir aquí”

XALTEPEC HUAUCHINANGO PUEBLAHerminda limpia los restos de lo que alguna vez fue su casa. Entre piedras y lodo, hay trastes, cacerolas, ollas, tazas, cucharas. La mujer de 60 años levanta los escombros con unos palos. Ha contratado a dos hombres para que le ayuden a limpiar, pues la máquina que excava “aún no llega” hasta donde ella está.

El calor en un día azul, soleado y con pocas nubes, hace más pesada la jornada. “Yo perdí mi casita”, platica mientras se da un descanso. Descalza, con la ropa aún limpia, doña Herminda cuenta sobre aquel día en el que el cerro se vino encima.

Cuando escuchamos pues ya se fue la luz y ya oímos, ya ahí viene, viene sonando bien fuerte como un camión, se escucha como va caminando que es el cerro y pasó a traer aquí pobrecitos a los vecinos (…) entonces mi cuñado nos dijo “ya nos chingamos nos vamos a morir aquí”.

Tras perder su casa, Herminda y su familia estuvieron en el albergue donde permanecieron un par de días. Luego, decidió regresar pues ahí es donde “pasaban para dar la ayuda”.

Ahora, con una casa improvisada, de una sola pieza, con paredes de madera y techos de lámina y lonas, doña Herminda vive junto a sus dos nueras y nueve nietos. Sus dos hijos han migrado a la Ciudad de México a buscar trabajo. Ella, mientras, seguirá limpiando el predio donde alguna vez tuvo su casa, irá a trabajar a la milpa y esperará a que la lluvia no vuelva a azotar con toda su fuerza como lo hizo aquel sábado.

Por ahora, solo el apoyo económico ha llegado para algunos. Queda pendiente que la ayuda psicológica y los paliativos lleguen, con la esperanza de que Xaltepec, que significa “cerro de arena y barro” vuelva a su cotidianidad.

 

Pablo Spencer Castells
Imágenes y edición
Juan Carlos Sánchez Díaz
Postproducción y fotografía

 


POB/JCSD