Siendo periodista, uno puede estar en contacto con muchas perspectivas o enfoques que tiene la gente. Evidentemente uno tiene la propia, pero pareciera que es anti ético manifestarla, sobre todo si es política.

La verdad no me parece adecuado, por ejemplo, si el reportero X –de política– dice que es panista, tache; pero si el reportero Y –de deportes– dice que le va a los Pumas, no hay problema y menos si el reportero Z –de espectáculos– dice que es mega fan de OV7.

En las pasadas manifestaciones en contra y a favor del matrimonio igualitario, del 10 y 11 de septiembre, respectivamente; distintos asistentes me invitaron a ponerme alguna estampa o tomarme una fotografía para “agradecer” que apoyaba su causa. En ambas dije que no.

Sí siento que de haber aceptado, perdería credibilidad –que para esta profesión, lo es todo– y es que la razón es que no sé, para empezar en dónde encajo.

Para empezar sí creo que está mal que haya gente que crea que el derecho de una persona se puede someter a votación, que quede claro; independientemente del derecho. Cada quien nace con derechos y están declarados de manera universal, esos no se someten a discusión.

Otras prioridades

Es real que tenemos muchos problemas y privilegios más importantes, que no distinguen entre raza, preferencias, nivel económico y que ni vemos y ni tomamos en cuenta.

¿Por qué no encajo?

Provengo de una familia, de un papá y una mamá. Están casados, llevan más de 40 años juntos. Tengo amigos homosexuales (no sé aun si familiares). Amigos, conocidos y familiares que sí pueden tener hijos y no quieren y quienes no pueden y sí quieren.

También, tengo amigos que tienen sus propias empresas, amigos empleados. Algunos que ahorran, otros que no piensan en el futuro. Unos que le tienen miedo al compromiso, otros que se avientan créditos de Elektra, Coppel y Famsa al mismo tiempo. En fin. De todo.

Unos dicen que casarse es lo normal, tradicional, lo que sus papás esperan o que es parte de su “auto realización". Y lo mismo para tener hijos.

Yo vivo en unión libre; no me quiero casar. Sin embargo vivo en pareja. Sí pienso en el futuro, sí me comprometo –hago planes a corto, mediano y largo plazo–. El IMSS e INFONAVIT son de risa para mí, pero tengo seguro de gastos médicos mayores y rento donde vivo. Soy empleado (porque soy docente) y al mismo tiempo, tengo mi propia empresa. Tengo mi testamento (incluye unos cacahuates, doritos nachos y coca cola).

¿Por qué digo esto?

¿Apoyar el derecho de los homosexuales para casarse? No lo apoyo para mí. Decir que no se pueden casar y que es inmoral y va en contra de “bla bla bla”; no creo tener la autoridad para decidir por ellos y no creo que alguien la tenga. Por eso digo que no sé en dónde encajo.

Y usted, lector ¿encaja?

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POB/JCSD

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