Foto: Paola Espinosa/Instagram

Respiración profunda, concentración máxima, espalda erguida y piernas que se debaten entre lo sólido y la nada. Enfrentarse a la piscina, desde las alturas, es un reto que implica vencer miedos. Esto lo sabe Paola Espinosa, quien no estaba convencida de tener 'la madera' para ser clavadista.

Hoy, ella puede presumir de una de las carreras más exitosas en el deporte mexicano. Ha competido en cuatro Juegos Olímpicos y es la máxima ganadora de oros en Juegos Panamericanos con ocho preseas.

El auge de Espinosa tiene que ver, entre otras cosas, con su propio carácter. Cuando era niña no podía quedarse quieta y era lo suficientemente curiosa como para querer aprender todos los deportes a su alcance.

Su inquietud la llevó a tener problemas en la escuela y esto hizo que sus padres solicitaran la ayuda de un médico. El de la bata blanca diagnosticó a Paola Espinosa con déficit de atención e hiperactividad.

Inteligentemente, como ahora se constata, el padre de la clavadista se rehusó a medicarla y prefirió depositarla todas las tardes en el gimnasio.

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Foto: Paola Espinosa/Instagram

 

Fue en ese primer gimnasio, en la ciudad de La Paz, Baja California Sur, que una entrenadora reclutó a Espinosa para integrar un equipo de clavados a los siete años de edad.

La mentora, cubana de nacimiento, se llama Regina Lowry y porta el título de ser quien confió en las habilidades atléticas de la ya multipremiada.

La deportista, a la par, recuerda el papel que tuvo su papá en esos primeros días de saltos y vueltas. Figura a la que añora, aún más desde su muerte ocurrida en octubre del 2013, esto dijo en entrevista con Vidas Extraordinarias de Claro Sports:

Él me trajo aquí. Si él no hubiera sido nadador y no hubiera entendido el deporte, yo no hubiera estado aquí [como clavadista].

La verdad es que él disfrutó cada competencia mía, cada cosa que hice y lo recuerdo con mucho cariño porque él me enseñó el deporte".

De Santo Domingo 2003 a entender el trabajo duro

Fueron los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, en el 2003, la gran prueba de fuego para Espinosa. Ella salió avante y conquistó dos medallas de plata junto a su compañera Laura Sánchez, una en la plataforma de diez metros y otra en el trampolín de tres metros.

Con todos los antecedentes, su nombre era una promesa en los juegos de Atenas 2004. Un cambio imprevisto de entrenador, así como una mala comunicación hicieron que Espinosa no triunfara en la ciudad helénica.

A partir de ese punto, la clavadista entró en contacto con Ma Jin, china que le impuso una férrea disciplina que la condujo a mejorar su técnica y a fortalecer su mentalidad ganadora.

Con Ma Jin a la cabeza, obtuvo tres oros en los Panamericanos de Río de Janeiro en el 2007.

La mexicana disfruta recordar cómo, en ese entonces, pasó por encima de la canadiense Emilie Heymans, atleta a la que admira. Paradójicamente, en la misma conversación con Claro Sports, Espinosa aclara que, para ella, la de Río 2007 fue una época difícil:

Fue un proceso súper difícil el haber estado con ella [Ma Jin]. Yo empecé a entrenar con ella y esos tres añitos, antes de ir a esos Juegos Panamericanos, fueron muy complicados.

Fue un cambio de técnica, cambio de ritmo, de entrenamiento, de costumbres, de idioma y de poder acoplarme a algo a lo que yo no estaba acostumbrada que era el entrenamiento chino".

Podios olímpicos

Número mágico: día ocho del mes ocho del año dos mil ocho. La ceremonia de inauguración de Beijing, en una fecha cabalística, capturó la atención del mundo. Paola Espinosa, en un momento inolvidable, abanderó a la delegación mexicana en China acompañada de vítores y música de mariachi.

Foto: Paola Espinosa/Instagram

Foto: Paola Espinosa/Instagram

 

El Lejano Oriente deparó aún más sorpresas para ella. Al lado de Tatiana Ortiz, ganó su primera medalla en Juegos Olímpicos; el bronce en los clavados sincronizados desde la plataforma de diez metros.

En la misma categoría, Paola refrendó su calidad al conquistar la plata en Londres 2012, ahora con la colaboración de Alejandra Orozco.

Muchas palabras pueden ser escritas al respecto, pero vale la pena repasar lo que, a la postre, aprendió la clavadista:

Todo lo que he hecho ha valido la pena y, más, lo que he podido dejar en cada una de las personas que me ha visto competir y me ha visto ganar algo.

Les he podido dar la esperanza de que las cosas se pueden hacer y se pueden lograr".

La hazaña no se replicó en Río 2016, si bien Espinosa acarició la gloria al colocarse en el cuarto puesto de la terna individual en la plataforma de diez metros. Como sea, a sus 30 años, la deportista planea hacer historia en Tokio 2020. Alejada de Ma Jin, actualmente se recupera de una lesión y se prepara para abandonar la plataforma y dedicarse de tiempo completo al trampolín.

POB/LFJ