Imponente. Una de las construcciones más emblemáticas del país inspiró a Elisa Carrillo Cabrera a perseguir una carrera profesional en la danza clásica; ella tenía nueve años y formaba parte de una puesta en escena de «El cascanueces».

Así, una presentación en el Palacio de Bellas Artes bastó para que Carrillo se enamorara profundamente de los escenarios. No es para menos: En ese recinto se han presentado íconos del arte como María Callas –en 1950– y Luciano Pavarotti –en 1997–.

Elisa, todavía una niña, se preparaba en las grandes ligas, bajo el aura de las leyendas. Nacida en Texcoco en 1981, se mudó a la Ciudad de México a los cinco años y, paralelamente, ingresó a una academia de ballet para complementar sus actividades escolares. En una entrevista con la periodista Cristina Pacheco, Carrillo contó lo siguiente:

Yo comencé, como muchas niñas, yendo a una escuela de ballet para tomar clases. Mis padres me llevaron porque […] siempre fui muy inquieta, me encantaba la música y me encantaba expresarme.

Me llevaron sin saber y la maestra fue la que les comentó que tenía las aptitudes y fue como entré a la Escuela Nacional de Danza Clásica de Bellas Artes».

Foto: Facebook.

Foto: Elisa Carrillo/Facebook

 

La menor de cuatro hermanos, Elisa no contaba con un ejemplo al cual emular; en su familia no había artistas ni bailarines, pero sus progenitores la apoyaron para que, a partir de 1990, estudiara la carrera de danza. Por las mañanas, la incipiente bailarina completaba su educación musical y dedicaba las tardes a las asignaturas convencionales.

Transcurrieron seis años y la mexiquense sabía que podía brillar en el Metropolitan capitalino, el Degollado de Guadalajara o el Macedonio Alcalá de Oaxaca. Jamás pensó en Europa; el viejo continente estaba lejos de su alcance.

Ocurrió el milagro. En 1996, Carrillo ganó la medalla de oro del Concurso Nacional de Danza Clásica Infantil y Juvenil. El merecimiento venía acompañado de una beca para estudiar en la English National Ballet School de Londres, mítica institución situada a unas cuadras del Estadio Stamford Bridge.

Ya en Inglaterra, la artista demostró su talento y consiguió una beca para prolongar su estancia en el extranjero. Con los estudios terminados, recibió la invitación del Ballet de Stuttgart para unirse a su cuerpo de baile. En el 2006, finalmente, es designada como solista.

Foto: Facebook.

Foto: Elisa Carrillo/Facebook

 

Poco a poco, su trayectoria acaparó la atención de los círculos artísticos alemanes. Un año después, en el 2007, es contratada por el Ballet de la Ópera Estatal de Berlín, ensamble al que está vinculada desde entonces.

Los reflectores se centraron en la mexicana, tras más de una década en Europa, cuando protagonizó «Blancanieves», ballet en un acto con coreografías del francés Angelin Preljocaj.

Esta versión del cuento infantil fue memorable debido, entre otras cosas, a que Preljocaj exploró la sexualidad de los personajes y a que el vestuario fue diseñado por el multipremiado Jean Paul Gaultier.

A su interpretación de Blancanieves se suman presentaciones de «Romeo y Julieta» de William Shakespeare y de «Eugenio Oneguin», obra del ruso Alexander Pushkin.

Esta última, como dato curioso, es una de las favoritas de Carrillo. Sobre su preparación previa a los estrenos, esto le dijo la bailarina a Pacheco:

Antes de una función, llego al escenario, camino y hago mi calentamiento. Nos ponemos unas botitas que nos ayudan mucho a mantener los pies calientes.

[…] Los pies son nuestra base y la espalda es muy importante. La espalda es lo que te da la posición, el porte y la fuerza también para levantar las piernas y sostenerte».

Precisamente con fuerza y tenacidad, Carrillo ascendió a la cima en el 2011, fecha en que su compañía la nombró primera bailarina, máximo puesto en el universo de la danza clásica. Este cargo, lleno de responsabilidades, la llevó a establecer una fundación que en la actualidad se encarga de promover el ballet en México.

Foto: Facebook.

Foto: Elisa Carrillo/Facebook

 

Además de difundir el quehacer artístico, la fundación –ideada en conjunto con Mikhail Kaniskin, bailarín ruso y esposo de Carrillo– busca el apoyo de instituciones para que estudiantes mexicanos aprendan técnicas fuera del país. El gobierno del Estado de México, por ejemplo, se ha asociado con la bailarina: Los de manga larga asignan recursos y ella recurre a sus contactos.

Ahora, esta primera bailarina vive una etapa de madurez en Berlín marcada por su reciente maternidad. Se prepara todos los días, no tanto por obligación sino como una manera de aplazar el destino: Ella sabe que, si se cuida, puede seguir volando con las notas hasta que rebase los 42 o 43 años.

Con esto, si se puede resumir una vida en una frase, aquí se transcribe una pronunciada por la mexicana:

Las bailarinas siempre estamos tratando de buscar la perfección; claro que no es posible porque somos seres humanos, pero es la idea que tenemos».

POB/ LFJ