El pueblo norteamericano y el mexicano son hijos del mismo dolor.
Abel Pérez Rojas

Los movimientos de protesta en Estados Unidos y México coinciden en la renuncia de su presidente, y aún más, en el fondo hay otros factores que vale la pena analizar para ver que están hermanados.

Recientemente, pese a los intentos de Donald Trump de minimizar las manifestaciones en su contra convocadas por las mujeres, la gran mayoría de los medios de comunicación internacionales dieron una amplia cobertura y coincidieron en señalar que éstas fueron un éxito rotundo.

De forma paralela, en México llevamos tres semanas de protestas en contra del aumento de los combustibles.

Tres semanas con tomas de casetas de cobro, mítines frente a dependencias gubernamentales, marchas y llamados a la resistencia pacífica.

Quienes hemos seguido de cerca el desarrollo de las muestras de rechazo al gasolinazo, podemos decir que los partidos políticos han sido rebasados y excluidos de estos movimientos ciudadanos, es decir, el descontento es real y ha encontrado en las redes sociales un medio eficaz para convocar, compartir y planear.

Allá -al igual que aquí- se pide la renuncia del presidente y el descontento desbordó a la militancia partidista.

Nuestros vecinos piden la renuncia de Trump por sus locuras que han provocado el resurgimiento de odios y fobias que se consideraban desterradas, y por el riesgo que representa al mundo que un hombre sin control de sus emociones lleve las riendas de la mayor potencia mundial.

En México se pide la renuncia de Peña Nieto por la cada vez más consensada conclusión de su incapacidad para ostentar el cargo, por los actos de corrupción en los que se ha visto envuelto él y su círculo más cercano, y, la gota que derramó el vaso, el primer gasolinazo del año que sólo es una probadita de lo que viene en materia económica en lo que resta del sexenio.

En el fondo, el malestar del pueblo norteamericano y del mexicano se debe a un sistema económico, político y social inhumano; sistema que para asegurar su continuidad ha adoptado la careta partidista, pero que con el paso del tiempo se comprueba que unos y otros son lo mismo.

El pueblo norteamericano ha empezado la ruta de tocar fondo en cuanto a sus libertades sociales se refiere, porque cuando se pensaba que no podía llegarse a más después de las medidas adoptadas por los atentados del 11 de septiembre, arriba un presidente como jamás lo había imaginado la mayoría.

En México hace mucho que tocamos fondo, el pírrico porcentaje de aprobación de la administración del presidente Peña es un claro ejemplo de que el pueblo está ya cansado y ahora está dispuesto a alzar la voz porque le tocaron el bolsillo.

Tal vez veamos en el futuro cómo se levanta otro muro entre Estados Unidos y México, pero lo que también veremos será el hermanamiento del pueblo norteamericano y el nuestro debido a que en el fondo somos hijos del mismo dolor.

Quién lo diría.

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.

POB/LFJ