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Según los datos del Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra), durante 2016 se realizaron 2,978 trasplantes de riñón en México. Esta es la cifra más alta en la historia del País con un promedio de ocho trasplantes diarios.

Puebla ocupa la sexta posición entre las entidades federativas con mayor número de trasplantes, registrando 147. Si se analizan los rubros individuales, Puebla es el cuarto lugar en trasplantes de donante vivo y el quinto en el caso de los donantes fallecidos.

Una evaluación estadística más certera arroja lo siguiente: en Puebla se realizan pocos trasplantes si se toma en cuenta el tamaño de su población.

La Ciudad de México tiene una relación de un trasplante de riñón por cada 10,304 habitantes, Jalisco uno por cada 11,952 y Guanajuato uno por cada 28,135. Puebla solo registra un trasplante por cada 39,319 habitantes.

Las cantidades son más que anecdóticas. Este jueves 9 de marzo se celebra el Día Mundial del Riñón con el propósito de reflexionar sobre la importancia de este órgano par en el desarrollo de la vida humana.

El Día Mundial del Riñón, establecido en el 2006, es una iniciativa de la Sociedad Internacional de Nefrología (ISN, por sus siglas en inglés) y de la Federación Internacional de Fundaciones Renales (IFKF, por sus siglas en inglés). La idea es que por medio de actividades, la población en general haga conciencia sobre el cuidado a la salud y la prevención de enfermedades renales crónicas.

Obesidad, foco del Día Mundial del Riñón 2017

Cada año, el Día Mundial del Riñón pone al centro de su agenda un tema relacionado con la salud renal. En esta ocasión, las campañas giran alrededor del problema de la obesidad.

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En entrevista con Poblanerías en línea, Elizabeth Huerta Calixto, nefrólogo pediatra del Hospital Ángeles Puebla, explica la relación entre obesidad y padecimientos renales:

Una de las cosas que causa [la obesidad] es hiperfiltración. En palabras pobres, quiere decir que al tener una mayor masa o un índice de masa corporal más alto, hacemos trabajar doble o triple a nuestro riñón y eso finalmente lo va dañando”.

Además, la Coalición de Acción contra la Obesidad (OAC, por sus siglas en inglés) divulga en un artículo cómo la obesidad contribuye al surgimiento de enfermedades crónico degenerativas relacionadas con el mal funcionamiento de los riñones.

Especialmente, la obesidad es un factor de riesgo para desarrollar diabetes e hipertensión. La diabetes, por ejemplo, provoca que los riñones filtren proteínas útiles que deberían permanecer en el torrente sanguíneo.

Enfermedades renales crónicas como la nefropatía diabética y la nefropatía hipertensiva pueden derivar en una falla total de los riñones. En este escenario, los órganos se vuelven inservibles.

Tenemos varios estadíos de enfermedad renal crónica; son cinco y el quinto es cuando nuestros riñones han dejado de funcionar. Es en ese momento cuando nosotros requerimos el trasplante”, dijo la doctora Huerta Calixto.

Candidato a un trasplante

Un trasplante de riñón implica riesgos para el paciente, aunque la inmensa mayoría de quienes reciben el órgano no presenta complicaciones.

El principal peligro para la nefrólogo pediatra es que los pacientes trasplantados contraigan una enfermedad viral. Esto porque son sometidos a tratamientos que debilitan el sistema inmunológico para que el organismo acepte el riñón. La especialista resumió así la información:

Al modificar o disminuir la respuesta del sistema inmunológico para mantener vivo al injerto, disminuye su capacidad de respuesta a los procesos infecciosos. Eso es muy importante comentarlo con los receptores de trasplante”.

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Otro aspecto a considerar es la compatibilidad. El primer criterio para determinar si un riñón cumplirá con sus funciones en un organismo extraño es el grupo sanguíneo. Así, un paciente con tipo de sangre A+ debe esperar a un donante A+.

El segundo criterio tiene que ver con la información genética. Cuando se trata de donantes vivos, estos guardan parentesco con los pacientes. El hecho de que el donante sea la mamá, el papá o el hermano del paciente facilita la compatibilidad.

Curiosamente, los trasplantes de donante vivo son los más comunes en México. De los 2,978 realizados el año pasado, el 71.4% provinieron de dicha clase de donante. Esto lo confirmó Huerta Calixto:

Hay dos tipos de donación. Una es la donación cadavérica [...] y esa es la tasa más baja de donaciones que tenemos en México. Es uno de los países que desafortunadamente no tiene una donación cadavérica grande. Casi todos nuestros pacientes reciben órganos sólidos de donantes vivos”.

Los riesgos para el donante, por otro lado, son prácticamente inexistentes. Una persona que cede uno de sus riñones puede llevar una vida normal siempre y cuando mantenga un estilo de vida saludable.

La nefrólogo resalta los aspectos de este estilo de vida para todos los que desean cuidar su salud renal: ingerir una dieta balanceada, controlar el peso, hacer alguna actividad física y no fumar.

POB/LFJ