El Equipo de Ingreso a Túneles Fronterizos ha perseguido a miles de migrantes y delincuentes por más de 20 años, esto por medio de los más de 200 túneles localizados entre la frontera de México y Estados Unidos.

Los agentes mejor conocidos como "ratas de túnel" se meten en pasajes clandestinos para intentar detener a los narcotraficantes en su paso subterráneo.

Algunos de estos túneles son hoyos de poca profundidad; aunque muchos otros están muy bien construidos y equipados.

Por ejemplo, existe un túnel incompleto en San Diego que tiene 21 metros de profundidad, un metro de ancho, 823 metros de largo y está equipado con un sistema de rieles, luces y ventilación, según información de The Associated Press.

La mayoría de estos pasajes están ubicados en Arizona y conectan con Nogales y California, pues el ruido de la zona industrial distrae la atención.

Otra de las razones por la que los narcotraficantes utilizan este medio, se debe a que es la única manera en que el olor de la marihuana puede pasar desapercibido, a diferencia de la metanfetamina y heroína que pueden cruzar de manera más sencilla a pie o en vehículos terrestres, informa la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA).

La popularidad de los túneles entre los delincuentes ha alcanzado un nivel tan alto que en 2015, las autoridades decomisaron cocaína que se transportaba por un túnel que pasaba debajo del agua, iniciando en Mexicali hasta llegar al Canal All-American en Estados Unidos.

Se calcula que construir uno de estos túneles cuesta entre uno y dos millones de dólares y que lleva meses terminarlo, informó Chris Davis, supervisor especial de la unidad de Investigaciones de Seguridad Nacional del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas.

Por su parte, entre 2007 y 2015, el Departamento de Seguridad Nacional invirtió más de ocho millones de dólares para rellenar los túneles.

POB/FOL