Cuautinchán: tesoro de arte sacro colonial

El más grande atractivo es el ex-convento de San Juan Bautista -que junto con el de Tecali y Tepeaca- forma el triángulo de Oro de conventos que datan del siglo XVI.

Cuautinchán, ubicado a unos 50 minutos de la ciudad de Puebla, (rumbo a la presa de Valsequillo) ofrece una gran oferta de arte sacro colonial.

El más grande atractivo es el ex-convento de San Juan Bautista -que junto con el de Tecali y Tepeaca- forma el triángulo de Oro de conventos que datan del siglo XVI.

Fue diseñado por el arquitecto español Francisco Becerra, en un estilo renacentista y fue terminado en 1590.

En su interior se encuentra el retablo más antiguo de América, que data de 1534, construido en madera por Nicolás Tejeda de Guzmán, quien lo había realizado para el Templo de San Francisco, de la ciudad de Puebla.

El retablo pasó a ser propiedad del convento de Tepeaca, pero por no tener un espacio suficiente, fue enviado a Cuautinchán.

Por el traslado, el retablo sufrió muchos daños y fue retocado por el pintor Juan Aru. Es interesante hacer un ejercicio de imaginación y pensar en la forma en que se trasladó en pleno siglo XVI todo este retablo de Puebla a Tepeaca y de ahí a Cuautinchán.

Actualmente se están realizando grandes labores de restauración gracias a la Fundación: “Amigos de Cuautinchán A.C.”.

El ex convento está abierto al público. Si así lo desea, puede tomar una visita guiada para recorrer el lugar; también se puede subir al campanario del convento donde se puede ver el paisaje de los cerros de Amozoc, el valle de Tepeaca, la zona de Valsequillo y admirar la Malinche y los volcanes.

El campanario es la zona más alta del monasterio y mide más de 30 metros. Ahí arriba están las campanas que tienen un peso de más de 300 kilogramos.

La parroquia de San Juan Bautista, localizada al lado del convento, es ahora museo de arte religioso.

 

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POB/JCSD/LFJ