Recolectores de desechos: pepenar la basura es un trabajo digno

Pepenar es una actividad menospreciada pues "meter las manos" en los desperdicios es poco aceptable socialmente.

María Luisa Vargas tiene 48 años y desde hace 20 se dedica a trabajar como recolectora de materiales desechados en la basura.

Cuenta que se interesó en el oficio al ver que que había otras personas que recolectaban las latas, el aluminio, las botellas de soplado, el papel, el vidrio y los envases de PET para luego llevarlos a vender a los acopios.

Comenta que antes «se ganaba buen dinero», unos 300 pesos al día. Sin embargo, el ingreso se ha disminuido y ahora se gana hasta 100 pesos recolectando materiales en dos colonias al sur de la ciudad de Puebla.

María Luisa relata su quehacer diario, que implica salir temprano de su casa con prisas para revisar en todas y cada una de las montoneras de basura de las calles que le han sido asignadas para trabajar.

Ella busca apresuradamente los objetos que pueden ser reciclados, vendidos a los centros de acopio y pedalea hasta la siguiente montonera; todo esto debe ser hecho con eficiencia antes de que el camión de la basura aparezca, levante las bolsas y las revuelva indiscriminadamente en su interior.

Don Gregorio, su marido, la acompaña en otro triciclo, se detiene enfrente de un lote baldío y a la sombra de un árbol comienza a acomodar los materiales, a desarmar las cajas de cartón, aplastar las botellas de plástico soplado, pet y aluminio para que ocupen menos espacio y puedan ser guardadas en grupos.

Un trabajo digno

Los recolectores de basura contribuyen en el reciclaje y es, al mismo tiempo, una actividad menospreciada pues «meter las manos» en los desperdicios es poco aceptable socialmente.

Consideran que el trabajo que realizan es una labor digna, ya que sin esta aportación muchos de los desperdicios que pueden ser reutilizados terminarían mezclados con todos los demás implicando así pérdidas económicas para ellos y provocando daños ecológicos al medio ambiente.

Los esposos mencionaron que las personas les han expresado «malestar» por su presencia ya que sienten que ellos realizan un trabajo indigno y que por trabajar con lo que se cree basura son personas de menor valía, pero esta pareja se ha esforzado mucho en demostrarle con hechos a los vecinos que ellos no son quienes rompen las bolsas de basura o provocan suciedad.

Poco a poco las personas nos han ido aceptando, incluso algunos vecinos son cuidadosos no mezclando materiales reciclables con desperdicios a la hora de sacar la basura lo cual nos es de gran ayudo. Algunos también nos ayudan dándonos cosas que ya no utilizan y aún se encuentran en buen estado”

Doña María y don Gregorio pertenecen a una organización que se encuentra en constante contacto con el Ayuntamiento de Puebla y han logrado que se les permita realizar este trabajo, ya que en el sentido estricto se encuentra prohibido en las leyes municipales.

El contrato que mantiene el Ayuntamiento de Puebla con las empresas encargadas de manejar el relleno sanitario ubicado en Chiltepeque prohíbe que personas externas se dediquen a revisar la basura y vendan los materiales reciclables.

Las empresas que manejan la basura no se dan abasto con la cantidad de residuos que produce la ciudad, según mencionaron.

En una reunión de la organización, Poblanerías platicó con varias personas que se dedican a la recolección de desechos y comentaron que se dedican a este negocio por necesidad económica y han quitado los prejuicios acerca de “trabajar con la basura”, esforzándose para mantenerse agrupados y exigir su derecho al trabajo el cual realizan con dignidad y respeto.

Esta organización se divide en cuatro bloques: noreste y norponiente, sureste y surponiente; se reparten las colonias y los turnos, dependiendo del horario del camión de la basura.

POB/LFJ