90% de las casas de Tochimizolco están dañadas por el sismo

Los habitantes de esta junta auxiliar de Tochimilco piden ayuda para reconstruir sus viviendas que se vinieron abajo por el sismo.

En Santiago Tochimizolco, una junta auxiliar de Tochimilco, 90% de las casas tuvieron daños por el sismo; 60% de ellas, son pérdidas.

Gregorio Cantero Sánchez, regidor de obras en la presidencia auxiliar, mostró a Poblanerías en línea, el derrumbe y las afectaciones que tuvo su comunidad donde habitan cerca de 650 personas.

Para llegar a Santiago Tochimizolco hay que pasar Tochimilco, más adelante, a unos 15 minutos, sobre los cerros, está el pueblo que en su mayoría está conformado por personas mayores y niños.

Sobre la plaza principal se ha montado una cocina comunitaria donde, con los víveres que han recibido, preparan comida para los brigadistas, voluntarios, habitantes y hasta para los reporteros.

Entre tortillas, huevos, frijoles y salsa las mujeres de la comunidad prendieron el comal para cocinarle a su pueblo. Enfrente está la presidencia auxiliar que sirve como un centro de acopio.

José Luis Rivera Cora, presidente auxiliar, cuenta que sí han recibido ayuda de las autoridades estatales, sobre todo con el envío de víveres; pero, lo que piden, son materiales para la construcción pues las casas resultaron con daños importantes.

A un costado de la plaza está la iglesia de Santiaguito donde su torre está por caer; y junto a ella, está la antigua escuela Benito Juárez, que con el sismo de 1985, fue desalojada, pero que ahora, 32 años después, la edificación está por caer.

Justo al medio día, mientras el cielo está nublado y las gotas de lluvia comienzan a caer, un camión de gas llega al pueblo repleto de despensas. “Se dará una por familia” dice el chofer, quien desde arriba coordina a las mujeres y hombres que se han acercado. Pronto, la fila rebasó las 20 personas a quienes les entregaron un paquete con botellas de agua y alimentos.

Gregorio Cantero decide ser la guía y mostrar el pueblo. Primero lo primero, dirige hacia la iglesia que –por ahora– está acordonada, luego la calle con las primeras casas derrumbadas.

“El pueblo es de campesinos y el martes es día de plaza”, contesta cuando se le pregunta dónde estaba el 19 de septiembre mientras camina a la casa de Hipólito Alonso, un señor que cosecha habas y frijoles y que ha perdido parte de su patrimonio.

Don Hipólito, también campesino, agradece no haber estado en casa el día que tembló. “Estábamos en Atlixco”, dice. En su propiedad hay varios cuartos, el que se cayó está al paso de la calle y ahí dormían sus hijos y sus nietos. “Agradezco que haya sido de día, imagínese si hubiera sido de noche”.

En el pueblo todos se conocen, las personas pasan y preguntan si los reporteros somos de Protección Civil. “Vaya a ver mi casa”, piden.

“También se cayó una casa que tiene como 300 años” dice Gregorio Cantero. Se trata de una casona edificada en una esquina y que pertenece a la familia de la señora María Corona Tapia.

“Desde que abrí los ojos está aquí, y mis abuelos, desde que abrieron los ojos está aquí”. La señora María sale de su casa de concreto, a la que se le hicieron algunas grietas.

En esa esquina, la construcción que hizo su familia quedó en ruinas, pero no así los recuerdos de ésta. Sin embargo, por la falta de recursos, ya no será reconstruida.

Un par de cuadras más adelante está la casa que Cira López rentaba y la que prácticamente ha desaparecido. El techo se vino abajo, al igual que las paredes. Ella estaba ahí cuando comenzó a temblar y salió al patio para ponerse a salvo. Pero, cuando el movimiento pasó, salió tan rápido que no se dio cuenta en qué momento cayó el adobe.

Estufa, cama, refrigerador, televisión, trastes y ropa quedaron bajo los escombros. Poco a poco fueron recuperando sus pertenencias pero, la lluvia que cayó la noche del domingo inundó lo que le quedaba. Ahora, en medio de la tierra, intenta rescatar algunos objetos y llevarlos al refugio donde pasará unos días.

Una calle más adelante tres hombres trabajan en la remoción de escombros de lo que era una casita verde. Ahí, entre picos y palas, Juan Salvador Mendoza platica de su pérdida. “El terreno es de mi papá y aquí en este cuarto vivía yo”.

Su padre de 80 años, vive en el patio de atrás que ahora se ha convertido en el almacén de los objetos recuperados. “Nadie ha venido”, dice sobre la presencia de alguna autoridad que dictamine sobre su vivienda. La ayuda para reconstruir todavía no llega.

“Pero no me preocupo, ya vienen las elecciones”, bromea.

Los pueblos de Santiago Tochimizolco y Cuilotepec pertenecen a Tochimilco. Todos los entrevistados por Poblanerías refieren que la ayuda solo llega en víveres y a través de voluntarios, pero nada ha llegado para poder reconstruir sus casas y por eso piden les apoyen enviando material de construcción.

El domingo, elementos de Protección Civil entregaron en Tochimizolco 100 kits de limpieza, 200 cobertores, 200 colchonetas, 5 carretillas y 9 palas, según un recibo de apoyos firmado por Catarino Miranda, director de planeación.

El sismo dejó en ruinas a los pueblos; sin embargo, la esperanza, la calidez y hospitalidad de su gente los mantiene con vida.

 

POB/LFJ