Después de haber vivido el sismo, experimentamos miedo, ansiedad, angustia, estrés e incluso tristeza.

¿Qué pasa en nuestro cerebro frente a estas situaciones? Tras los sentimientos de miedo y angustia, tenemos la necesidad de sentirnos acompañados y de acompañar al otro.

Desde el punto de vista neuroquímico, liberamos oxitocina, una hormona que nos brinda esas satisfacciones, en un proceso en el que también intervienen las neuronas llamadas espejo que contribuyen a que entendamos el dolor de otras personas, a tranquilizarnos y hacer que los otros se sientan comprendidos.

Eduardo Calixto, investigador del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPRFM) explica este proceso:

En la medida en que empezamos a sentirnos estresados y este estrés común nos genera ansiedad, depresión y tristeza, la única manera de liberarnos —y es algo hermoso en contraparte de esta terrible tragedia— es que nos sentimos capaces de ayudar cuando estamos bien”.

El especialista en neurociencias detalla que en crisis de este tipo, cuando más solos nos sentimos y más agraviados estamos, buscamos a otras personas que nos puedan ayudar y esto genera, a su vez, un principio de protección de la especie.

Esta situación biológica nos condiciona a ayudarnos, y a ello se suma el aspecto psicológico que nos ha dado el aprendizaje de comportarnos de cierta manera.

El doctor Eduardo Calixto menciona que esta sensación está presente en la capital del País porque 95% de la población sintió el temblor y que se sumará a la experiencia que se sumará a su vida.

Un niño aprende el miedo de ver a los demás con miedo, y hace una asociación del evento en sí con la proyección que le representan los que están a su alrededor. Cuando vamos creciendo y viendo la magnitud de lo que nos representa, esto se hace más intenso. A partir de los 13 años, este proceso representa una amenaza importante para la vida misma y hace que uno tenga el principio de huida”.

¿Cómo reaccionar?

De acuerdo con el especialista, ante situaciones como esta se debe explicar abiertamente a los más pequeños lo que sucede, que estamos frente a una situación con problemas y que implica ser solidarios.

Hay que enseñarles a abrazar y tocar, es importante que abracemos al niño para que con ello, su cerebro pueda disminuir la angustia, la ansiedad y el miedo. El abrazo, un beso o la suavidad de una palabra”.

En el caso de los adultos, se recomienda hablar tantas veces como sea necesario de la situación, al tiempo de mantenerse informados, pues el desconocimiento aterra.

Saber qué está pasando —aun en la crisis más fuerte— disminuye la tensión y es algo muy interesante porque entre menos sepamos, la vulnerabilidad del humano se aprecia más”.

A través de ello, poco a poco las personas irán controlando la situación sabiendo que tenemos un techo y alimento confiable, considerando que cuando el evento es controlado, la mitigación del miedo es menor.

En Puebla, la Secretaría de Salud habilitó una línea telefónica para atender a las personas que requieran ayuda psicológica tras el sismo.

Los poblanos que lo necesiten pueden comunicarse al 01 800 420 57 82 para el interior del estado y al 232 80 82 en la ciudad de Puebla, donde podrán contactar a psicólogos capacitados para intervención en casos de crisis, con servicio las 24 horas del día, los 365 días del año.

¿Cómo explicar a los niños?

Un buen manejo de crisis es necesario para dar a los niños seguridad y así evitar que tengan problemas en el futuro. También es indispensable ser resiliente, es decir, adaptarse bien a la adversidad, a un trauma o tragedia para ayudar a los menores.

Algunas recomendaciones para ayudar psicológicamente a los menores a recuperarse ante un desastre natural son:

Expresar sus emociones: Es importante hablar con los niños sobre el suceso y escuchar cómo se sienten para que puedan superarlo.

Ser positivo ante la adversidad: Hay que recordarles que pueden surgir cosas buenas después de una catástrofe y dirigirlo a posibles soluciones en caso de un desastre natural.

Fomentar la ayuda a otras personas: El que un niño sea parte de la solución en estos eventos naturales puede ser formativo.

No ver televisión: Evitar que los menores vean imágenes sobre los daños ocasionados por el sismo para que no revivan recuerdos dolorosos y no se pongan ansiosos.

Hablar de la muerte: Si alguno de los familiares falleció ante un fenómeno natural es indispensable que los padres o la persona a cargo del niño lo comunique de manera calmada. Se recomienda utilizar términos claros y no ambigüedades, para evitar que los niños tengan una conclusión incorrecta.

La seguridad de las mascotas

Claudia Edwards Patiño, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la organización Humane Society International, platicó sobre el comportamiento de los animales en situaciones de peligro y el estatus alrededor de los animales de compañía en las zonas afectadas.

Las mascotas también son capaces de presentar crisis nerviosas y cuadros posteriores a desastres, por eso recomienda hacer un plan familiar de emergencia en el que se tomen en cuenta los animales de compañía y considerar su sensibilidad ante disturbios generados por la situación.

Además de esta causa, se debe considerar que el abandono o pérdida de las mascotas ocasiona que ellos pierdan constancia en su rutina y figura de apego, aunado a la falta de comprensión y soledad en la que se encuentran. Todo esto les crea situaciones críticas en su comportamiento.

Con información de la Agencia Conacyt.

POB/LFJ