Derrumbes y colapso: el daño del sismo en Atlixco

La Parroquia de la Natividad sufrió severos daños en la fachada y cúpulas.

El domingo 17 de septiembre se realizó el Convite de la edición 52 del Huey Atlixcáyotl, la celebración más importante en Atlixco.

Tres días después, la ciudad está devastada. El Centro Histórico y el cerro de San Miguel, sus principales atractivos son los más dañados por el sismo de 7.1 del 19 de septiembre.

La iglesia de Nuestra Señora de la Natividad, en la que aún se pueden ver los escudos reales españoles, sufrió severos daños en la fachada y cúpulas. Las personas temen que caiga, aunque es posible que derriben una parte para reconstruirla.

El centro de Atlixco está acordonado, muy pocos logran pasar los filtros de los voluntarios que les piden no acercarse a los edificios.

Los vigilantes son los artesanos que se instalan en el callejón a un costado de la Parroquia de la Natividad. “Se quedó la mercancía para el Huey Atlixcáyotl y pues tenemos que cuidar”, dice una de las personas que está vigilando.

Cerca del famoso kiosko del Zócalo se instalaron carpas para recibir ayuda, orientar y levantar reportes sobre personas desaparecidas.

El centro de acopio instalado en la plaza poco a poco recibe los víveres, mismos que son trasladados en un camión rumbo al recinto ferial, donde está el albergue.

El palacio municipal también tiene serias afectaciones. El Escudo mexicano se vino abajo, no así las ganas de los voluntarios y las personas por levantar al pueblo mágico.

Ahí, afuera del palacio, un grupo de voluntarios recoge los escombros; las piedras más grandes son destruidas para poder recoger los pedazos y llenarlos en un camión de volteo. Cada vez que este camión se llena, los voluntarios aplauden, en señal de que van avanzando.

Las calles colindantes también tienen daños. La famosa avenida Hidalgo, pintoresca y con macetas, está desencajada.

En los portales, pocos negocios se vieron afectados y es ahí donde otro grupo de voluntarios ha instalado un banco de alimentos donde preparan tortas para las personas que se acercaron a ayudar a levantar los escombros.

En la plaza, también hay personas que de la nada comienzan a gritar: ¿quién quiere una torta? ¿quién quiere agua? ¡Gratis! ¡acérquece!

Dentro de la devastación, nace la esperanza. Las calles desoladas, las ruinas, las reubicaciones y los daños, se minimizan al ver la unión y la hermandad con la que los voluntarios continúan trabajando.

POB/LFJ