Foto: BUAP

El Chiquihuite fue hace casi 10 mil años un gran volcán que se encontraba a poco más de 4 kilómetros de Ciudad Universitaria de la BUAP.

Hoy en día, este volcán no representa un peligro ahora, pues es uno de los 22 monogenéticos del área metropolitana de Puebla; es decir, pertenece a los que tienen una sola erupción y una vida corta, debido a que son como burbujas de magma que se vacían al explotar.

Dentro de las 23 mil hectáreas de superficie de la Presa Valsequillo, se encuentran tres de este tipo: el Chiquihuite, el Toluquillo y el Cerro la Mesa Grande, cerca del parque Africam Safari, según investigaciones de Bunde de los años setentas.

En cambio, los poligenéticos, como el Popocatépetl, tienen cámaras magmáticas que constantemente se alimentan.

Debido a que el vulcanismo del pleistoceno tuvo un papel crucial en la conformación de suelos y climas de la región, los monogenéticos de la zona han sido estudiados por científicos del mundo, quienes marcaron los conos volcánicos ubicados en la Presa de Valsequillo; y otros que calcularon las edades de los volcanes: cerca de 40 mil años.

Francisco Jiménez Moreno, biólogo por la BUAP y especialista en estudios paleontológicos de la zona, señaló que los cerros de Loreto y Guadalupe, así como el de Amalucan y la Paz pudieron tener un origen de tipo volcánico.

Por otro lado, en la Presa de Valsequillo hay evidencia de actividad volcánica asociada a la megafauna del Pleistoceno: animales como el mamut, mastodontes, camellos, gliptodontes y bisontes prehistóricos, posiblemente quedaron sepultados por las tobas volcánicas y otros sedimentos.

El especialista señaló que gran parte del relieve del municipio y el estado de Puebla tuvo su origen en el Pleistoceno, cuando la zona se encontraba en actividad volcánica.

Para finalizar, recalcó que entre el primer y último volcán que apareció hay un periodo de dos millones de años, como el caso de la Malinche, el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y el Pico de Orizaba.

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